Lenguaje y discapacidad

Una vez hemos hecho una introducción general sobre el lenguaje y qué pautas comunes deberíamos tener en cuenta independientemente de los “colectivos” a los que estamos haciendo referencia, vamos a hacer ahora una reflexión concreta a través de los diferentes temas.

Comenzaremos por el asunto “lengua y discapacidad” y sobre cómo podemos abordar estas cuestiones sin caer en el victimismo y la discriminación. Ya hemos apuntado algunos ejemplos concretos en este sentido.

Debemos señalar que, cada vez que usamos el lenguaje para hablar de discapacidad, solemos hacerlo con connotaciones que giran en torno a la lástima, las supuestas incapacidades de las personas y una idea previa de eterna dependencia.

También aplicamos aquí la norma de “la parte por el todo” a la que hacíamos referencia con anterioridad y damos por hecho que una persona con algún tipo de discapacidad no es más que eso.

Asimismo, no podemos llegar a imaginar que la vida de estas personas pueda ser tan o más rica como la de otra sin discapacidad y que vivir con algún tipo de discapacidad es un hecho más común del que imaginamos.

Los datos apuntan que, aproximadamente, el 10% de la población vive con algún tipo de discapacidad. Por tanto, un gran número de personas se ven afectadas de forma directa por los estereotipos sociales que giran alrededor de ellas.

Esto, además, tiene repercusiones diarias sobre las mismas ya que tales imaginarios impiden su integración y reconocimiento social autónomo total como parte activa de la ciudadanía.

No podemos olvidar, que los estereotipos que manejamos a través del lenguaje no se quedan en las palabras y que nuestros discursos tienen su traducción en prácticas, acciones y políticas concretas.

Con todo, seguimos insistiendo en que —también en este caso— hagamos referencia a este hecho en concreto cuando hacerlo resulte pertinente, ya que, que una persona tenga algún tipo de discapacidad no quiere decir que de forma reiterada, tengamos que decirlo o identificarla por este hecho concreto; así como no debemos considerar que este hecho la califica, describe y distingue de las otras.

Así debemos evitar el binomio persona normal/persona con discapacidad y hablar de “personas sin discapacidad” cuando estemos haciendo referencia a las primeras ya que no existen unas personas más normales que otras y el concepto de “normal” aplicado únicamente a unos tipos de personas es tremendamente discriminatorio.

A continuación, veremos qué términos pueden ser usados para hablar de discapacidad. Hemos de decir que no siempre existe unanimidad con respecto a ellos y que, además, éstos van cambiando según las diferentes decisiones que se toman en lo que respecta a la forma de nombrarlo.

Aquí nombraremos las diferentes formas de hacerlo bajo el fin de que cada persona reflexione y elija cuál le parece la más indicada.

Eso sí, señalaremos cuáles son las contraindicadas. Aquí usaremos el término “discapacidad” como lo hemos hecho hasta ahora. Pero éste es simplemente el que hemos considerado elegir por nuestra parte.

 

Lenguaje y discapacidad

Mar Gallego Espejito

Licenciada en Periodismo | Máster en Género, Identidad y Ciudadanía

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