Sistema Tributario

Todo sistema impositivo debe venir guiado por dos principios:

  • Eficacia
  • Equidad

a) Eficiencia

Hemos visto en lecciones anteriores como el establecimiento de un impuesto repercute negativamente sobre el funcionamiento del mercado.

 

Desplaza el punto de equilibrio, reduciendo la actividad empresarial y disminuyendo el beneficio total.

 

Los impuestos, al afectar al precio de los bienes, distorsionan las decisiones de compradores y vendedores, que se alejan del punto natural de equilibrio.

 

Por ejemplo, el impuesto sobre la renta puede llevar a determinadas personas a tomar la decisión de trabajar hasta obtener cierto nivel de ingresos, ya que a partir de entonces no les compense seguir trabajando ya que una parte creciente de su renta irá destinada a Hacienda.

 

El principio de la eficiencia trata de que este impacto negativo sobre la economía sea el menor posible.

 

b) Equidad

Busca que la distribución de la carga impositiva entre la población sea lo más justa posible.

 

El problema surge porque el concepto de equidad es muy amplio (cada persona puede interpretarlo de una forma diferente).

 

Por ejemplo, existe la opinión generalizada de que las personas con mayores ingresos deben pagar más impuestos. El problema está a la hora de fijar en qué medida deben pagar más (sistema impositivo proporcional, sistema progresivo, sistema regresivo, etc.).

 

En la búsqueda de la equidad, los sistemas impositivos introducen tantas disposiciones y reglamentaciones, tantas exenciones y beneficios, que terminan distorsionando en gran medida las decisiones de compradores y vendedores.

 

Por ejemplo, si un año se prima la inversión en fondos de inversión (mejor tratamiento fiscal) esto llevará a muchos contribuyentes a cambiar su patrón de comportamiento dirigiendo sus ahorros hacia fondos de inversión en perjuicio de otras opciones, alterando el funcionamiento normal de los mercados que se apartan de sus puntos de equilibrio iniciales.

 

 

Muchas veces la eficiencia y la equidad van reñidas.

Por ejemplo, un modelo impositivo eficiente por su sencillez y por no distorsionar sería un impuesto fijo igual para todo el mundo.

 

Al ser un impuesto de cuantía fija no influye en las decisiones de las personas sobre trabajar más o menos (ya que tendrá que pagar el mismo importe) por lo que la distorsión que introduce es nula. Pero esta sencillez le lleva a chocar con el principio de equidad.

 

Por otra parte, la persona sobre la que inicialmente recae el impuesto puede ser distinta de aquella que finalmente tenga que asumir la carga, lo que puede afectar a la propia equidad.

 

Por ejemplo, se eleva el gravamen de los yates de lujo pensando que son las personas adineradas quienes tendrán que hacer frente a este impuesto. Como la demanda de bienes de lujo es muy elástica a la subida del precio, este impuesto provocará una caída de la demanda de yates que obligará a los fabricantes a bajar su precio. Por tanto, el impacto del impuesto se distribuye entre compradores y vendedores.

 

Las empresas fabricantes, ante la caída de sus beneficios, reaccionarán congelando los salarios y reduciendo plantilla, por lo que en última instancia gran parte del impacto de este impuesto no recaerá en personas adineradas sino en trabajadores.

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