La defensa en el ajedrez... ¿un arte?

El Maestro Hans Müller sentencia al atacante con la siguiente frase: “el que quiere atacar ha de poder calcular correctamente la fuerza de resistencia de la posición enemiga… esta tarea sólo podrá resolverla si el atacante está familiarizado con la esencia de la defensa”.

Como ya mencionamos en la lección anterior, el propósito de toda defensa es repeler un ataque, y con cada movimiento sucedido en el tablero de ajedrez, resultan alteraciones mecánicas y dinámicas en la posición cuya comprensión y juicio en ocasiones es sumamente difícil, y más cuando hablamos que en una partida de ajedrez se dispone de un tiempo limitado para resolver cualquier posición o problema planteado en cada jugada… ¡todo un desafío! Por esto mismo, “el arte de la defensa” requiere investigar la posición de manera sosegada y libre de coacciones y apremios mentales, y mucho más, “anímicos”.

 

Para realizar un análisis extensivo de la defensa en el ajedrez, el Maestro H. Müller propone realizarse de manera mental las siguientes interrogantes: ¿Qué es lo que se amenaza de inmediato?¿Qué se puede amenazar después? ¿Dónde se encuentran mis debilidades en esta posición? ¿Pueden ser defendidas de manera oportuna? ¿Cómo está el aspecto de la seguridad de mi rey? ¿Cómo se encuentra la situación en el centro del tablero? ¿Qué medios tengo a disposición para rechazar con éxito un ataque amenazador? ¿Qué debo hacer y cómo debo hacerlo?

Cuando hemos sopesado las interrogantes anteriores, también es recomendable darle un vistazo a la posición enemiga para detectar debilidades del bando rival, porque una defensa exitosa requiere en muchos casos comenzar un ataque contra las debilidades del oponente… ¡iniciar un contraataque!

El bando atacante procurará habilitar columnas y diagonales para sus piezas, abrir posiciones, en procura de tomar casillas fuertes, realizar sacrificios para mejorar todo su arsenal ofensivo. El atacante buscará generar debilidades, ganar espacio, tiempo o material, apretar y apretar más… en este caso, el defensor debe luchar por mantener la situación, evitando debilidades, liberándose de posiciones comprimidas y pérdidas de calidad (es decir, perder una pieza de más valía por otra pieza de menos valor, por ejemplo, tener que entregar una torre por un caballo o alfil contrario), y si se presenta la oportunidad, realizar cambios de piezas (por ejemplo, como hacía José Raúl Capablanca, que en el medio juego realizaba muchos cambios de piezas para pasar rápidamente a la fase final de la partida y ahí lograba sus triunfos), y despejar la posición.

En este punto es de recordar, que el atacante, por el ímpetu y esfuerzo colocado en ganar la partida, y no lograr su objetivo, sus piezas pueden quedar desubicadas y descoordinadas en el tablero, y este es el momento que el bando defensor debe lograr para contraatacar (en las partidas comentadas incluidas en este curso he colocado una que trata de este asunto, de un ataque infructuoso y de un contragolpe efectivo).

 

H. Müller plantea también que “del defensor se exige muchísimo más: ante todo no tiene libertad para interrumpir la batalla, ya que está obligado por el adversario a luchar en todos los momentos”.

En palabras del Gran Maestro A. Soltis: “la defensa es impopular porque atacar es más divertido. No obstante, mejorar la capacidad defensiva mejorará todo su juego mucho más que asimilar una nueva apertura o algunos trucos en un final de torres y peones”.

También resalta H. Müller que “el defensor debe siempre encontrar las mejores medidas y jugadas, ya que en una posición en peligro, a menudo, basta una pequeña inexactitud para perder la partida; de aquí que sean indispensables la prudencia, el cálculo anticipado, el sentido de la realidad y la sangre fría”.

El Maestro Ilia Kan plantea que “el resultado de un empate también suele ser el fruto de medidas defensivas llevadas felizmente a término. La mayor parte de ajedrecistas prefieren la ofensiva, pues el papel de defensor es con frecuencia difícil y desagradable. Con todo, la defensa es un factor relevante de lucha ajedrecística y no se debe menospreciar. El ajedrecista consumado manifiesta el armonioso desarrollo de su talento en el terreno ofensivo y defensivo… todo aquel que la desconozca (la defensa) puede considerarse un jugador incompleto; por lo mismo, el aficionado debe aprender a defenderse tenázmente y a hallar ventajas tácticas en toda posición difícil si quiere llegar a ser un maestro en este juego o, por lo menos, alcanzar una categoría superior en él”. Sabias palabras las del Maestro Kan.

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Conoce al autor

Guillermo Antonio Gutierrez Montoya

Candidato a Maestro, Entrenador Universitario de Ajedrez, Sub-Campeón Nacional de Ajedrez, Experto en Ajedrez Rápido

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