el origen de la expresión "fíate de la virgen y no corras"

Usamos la expresión “fíate de la virgen y no corras”, no para decirle a alguien que vaya más despacio, sino para indicar que hay que evitar los excesos de confianza frente a algo, pues el resultado de esto puede ser fatal para nuestros intereses.

Se cuentan dos posibles orígenes para esta expresión, si bien el primero de ellos parece ser el más creíble.

Esta primera hipótesis nos lleva hasta la I Guerra Carlista en España, cuando las tropas favorables a Carlos María Isidro nombran como “Generalísima de los ejércitos carlistas” a la Virgen de los Dolores, a la que rezaban y se encomendaban antes de todos los combates.

Fue justo antes del comienzo de una de las batallas decisivas de la guerra, la de Mendigorría, cuando debido al rezo tardaron algo más de lo conveniente en situarse y avanzar sobre el enemigo, dándoles una ventaja que finalmente sería capital en la contienda; surgiendo dicha frase a modo de sorna entre los vencedores.

 

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La segunda hipótesis nos lleva hasta una plaza de toros y un bravucón e inconsciente torero, que se creía libre de todo peligro al haberse encomendado a la virgen, haciendo éste todo tipo de lances y suertes peligrosas creyéndose a salvo de todo mal.

Finalmente, el torero, como no podía ser de otra manera es corneado, y al parecer en su huída hubo algún que otro espectador que le espetó tal frase, para hacer aún mayor el daño que ya llevaba el pobre torero en su cuerpo.

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