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Capacidades Funcionales. Actividades Básicas de la Vida Diaria

Las capacidades funcionales son todas aquellas habilidades de una persona que le permiten llevar a cabo actividades de la vida diaria sin supervisión ni asistencia por parte de terceras personas. Están estrechamente relacionadas con el concepto de autonomía, y se ven seriamente afectadas debido a distintas enfermedades, entre ellas las demencias como el Alzheimer.

Dentro de estas actividades podemos diferenciar entre las Actividades Básicas de la Vida Diaria (o ABVD) y las Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (o AIVD).

 

Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD).

De acuerdo a la Ley española de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia (conocida comúnmente como Ley de Dependendia), las Actividades Básicas de la Vida Diaria son aquellas tareas más elementales de la persona que le permiten desenvolverse con un mínimo de autonomía e independencia.

Dentro de estas podemos destacar:

  • Alimentación:

La capacidad de alimentarse incluye la habilidad de llevarse el alimento a la boca e ingerirlo, usar los cubiertos y la servilleta adecuadamente, servirse líquidos en el vaso y beberlos, cortar y pelar alimentos. Todo ello de forma adecuada y en un tiempo razonable.

Esta capacidad es una de las últimas que se pierde por completo, comenzando su deterioro en la fase intermedia de la EA. Los modales empiezan a deteriorarse, la persona olvida cómo usar los cubiertos, y se alteran los hábitos de apetito. En última instancia, se pueden presentar dificultades para tragar y la persona puede tener que ser alimentada por un cuidador o a través de una sonda.

La capacidad de alimentares se pierde poco a poco, pero es de las últimas en desaparecer por completo.

 

  • Higiene y aseo personal:

Aquí se incluye el lavado de manos, dientes y cara, el peinado, afeitado o maquillaje (dependiendo de la persona) y el baño o ducha del cuerpo completo. Ya en las primeras etapas el paciente comienza a descuidar su aspecto y cuidado personal, y ese deterioro avanzará según se altere la memoria y la movilidad.

La persona enferma puede olvidar cuándo se lavó por última vez, o tener problemas para terminar la secuencia de alguna de estas actividades u olvidar el orden, como el lavado de dientes. En la fase intermedia, con el apoyo de un cuidador, puede llevar a cabo por sí misma ciertas partes del proceso. Sin embargo, al final de la enfermedad depende totalmente de la ayuda de otra persona.

  • Vestido:

La capacidad para vestirse y desvestirse también comprende habilidades como abrochar o abotonar prendas, calzarse y atarse los zapatos, o elegir la vestimenta adecuada de acuerdo a la estación del año.

Debido a la alteración de habilidades motoras como la planificación y la secuenciación de acciones, y el deterioro del esquema corporal, la capacidad para vestirse de manera autónoma se ve pronto dañada y empeora a lo largo de la enfermedad. La persona se cambia con menor frecuencia de ropa, altera el orden de esta o el lugar donde se coloca, o elige prendas que resultan inadecuadas para la temperatura exterior. Durante la fase intermedia de la EA, con asistencia de un cuidador, puede llevar a cabo parte del proceso, pero al final es incapaz de ello.

  • Control de esfínteres:

El control de la micción y la deposición también comprende el uso adecuado del inodoro para ello, tanto de día como de noche. A lo largo de la enfermedad se deteriora la orientación para llegar al aseo, por lo que el paciente puede hacer sus necesidades en otra parte. También se daña la capacidad de completar el proceso con acciones como limpiarse o tirar de la cadena al terminar. La incontinencia aparece más adelante, generalmente la urinaria en primer lugar, y puede dar lugar al uso de pañales, que pueden ser rechazados por el paciente. Sin embargo, según avance la EA, estos serán necesarios de forma continua.

  • Movilidad funcional:

La capacidad motora es una habilidad cognitiva, así que ya hemos hablado de ella en el apartado anterior. Por lo tanto, aquí solamente incluiremos algunas de las consecuencias que esta alteración supone para las principales actividades de la vida diaria de la persona que sufre Alzheimer.

En primer lugar, se dificulta seriamente la deambulación independiente y la capacidad para subir y bajar escaleras. Al inicio y en la fase intermedia, la marcha se reduce a un vagabundeo inseguro y sin rumbo fijo. Para evitar caídas, se pueden utilizar ayudas técnicas como barandas, andadores, bastones, o la asistencia de otra persona. Más adelante, es posible que la persona se vea confinada a una silla de ruedas y solo sea transferida de esta u otro asiento a la cama. Al final de la enfermedad también se puede ver perjudicada la habilidad para inmovilizar el propio cuerpo, necesitando ayuda para girarse en la cama o incorporarse.

La movilidad se reduce considerablemente a lo largo de la EA.
 

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