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Problemas durante el voluntariado

La utopía están en el horizonte.

Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía?

Para eso, ¡sirve para caminar!

 

Cuando la persona voluntaria se incorpora a una organización de voluntariado debe tener en cuenta que, durante su actividad como voluntario/a, pueden presentarse algunos problemas. Es bueno pensar en estas situaciones o circunstancias de forma anticipada para que, en caso de que se produzcan, se sepa cómo resolverlas o abordarlas. Y sobre todo, tener en cuenta que siempre hay una solución o alternativa para cualquier situación que se presente.

 

Dependencia

Puede producirse una relación de dependencia entre la persona o colectivo atendido y la persona voluntaria, y viceversa. Los vacíos afectivos, la soledad, la necesidad de amigos favorecen la confusión entre voluntariado y amistad. Esta situación desemboca en una dependencia que merma o anula la capacidad de decisión y enturbia la actividad de la persona voluntaria.

Para evitar esta situación, es recomendable poner límites a la acción voluntaria antes de que ésta se inicie: un horario que sea asumible por la persona voluntaria, establecer fechas de inicio y de fin, dejar claras las tareas que desempeña la persona voluntaria, etc.

Puede que esta situación de dependencia se acentúe si se entiende el voluntariado como una relación paternalista y sobreprotectora.

 

Situaciones inesperadas o fuera de control

En numerosas ocasiones la persona voluntaria se encuentra en situaciones totalmente imprevisibles, por lo que es posible que tenga que improvisar y echar mano de su imaginación: pueden producirse reacciones inesperadas de las personas; falta de recursos y materiales necesarios, una agresión o mala contestación, un mal entendido que desemboque en una discusión o conflicto...

En estas situaciones es imprescindible mantener la calma, la naturalidad y no escandalizarse por nada. Siempre es recomendable que se hable con la organización para que entre en juego una tercera persona que debe ser objetiva y neutral, con el objetivo de mediar y resolver el problema que pueda existir, para que la relación entre la persona voluntaria y la persona o colectivo atendido sea lo más natural y sana posible.

 

Implicación

La implicación personal es una actitud que debe caracterizar a las personas voluntarias, pero debe tenerse precaución, ya que si esta implicación es mal entendida por parte de la organización o las personas beneficiarias, puede suponer un problema o un motivo de abandono a medio plazo. Al empezar el voluntariado se debe ir con calma y poco a poco, evitando llevar los problemas del voluntariado a casa. De no ser así se corre el riesgo de acabar agotado en pocos días. 

La actividad de voluntariado es algo que debe disfrutarse con responsabilidad, y hay que tener claro que el compromiso, el afecto, el cariño y el apoyo no pueden convertirse en un daño para la persona voluntaria. Por esto, es necesario que, además de la implicación, existan unos límites a esta implicación. La persona voluntaria debe tener claros cuáles son esos límites y comunicarlo a la organización y a las personas beneficiarias. 

 

Apatía y rutina

Después de un tiempo de participar como voluntario/a en una organización puede caerse en la rutina y la apatía porque la actividad deja de ser novedosa, hay pocas sorpresas y puede incluso dejar de ser interesante.

Para muchas personas aquí es donde el voluntariado empieza a ser realmente eficaz, porque la situación se ha normalizado. Según otras muchas personas, el voluntariado tiene mucho potencial como para que se caiga en la rutina y el aburrimiento, de tal manera que puede ser una fuente de creatividad e ingenio, y esta potencialidad hay que aprovecharla involucrando a las personas voluntarias en la planificación de las actividades e incluso en la toma de decisiones dentro de la organización.

De esta forma la persona voluntaria sentirá que la organización escucha sus ideas y las valora, lo que dará lugar a un mayor compromiso con las actividades que realice.

 

Prejuicios, juicios de valor y juicios morales

La persona voluntaria puede correr el riesgo de juzgar a la persona a la que atiende en base a su situación personal, su comportamiento o su imagen social. Una situación muy normal en la que se puede producir este tipo de juicio de valor es en la atención a personas reclusas. Conocer el hecho por el que están en prisión puede condicionar la actuación de la persona voluntaria, lo que puede suponer un perjuicio para la persona atendida. Por lo tanto, a veces es mejor no entrar a conocer ciertos detalles, o ser capaces de no emitir juicios de valor y luchar contra los prejuicios que se tengan.

 

Esperar resultados

Vivimos en una sociedad en la que lo normal es trabajar bajo presión por lograr unos objetivos en un plazo de tiempo determinado. Todos/as estamos acostumbrados/as a trabajar de esta forma y, en numerosas ocasiones, cuando se desarrolla la acción voluntaria también.

Las personas voluntarias se fijan un objetivo en un plazo determinado y esperan lograrlo y, en caso de no ser así, muchas veces llega la frustración por no haber logrado la meta. Lo que no se tiene en cuenta en estos casos es que el trabajo con personas no puede medirse en unos resultados cuantificables ni acotarse en un tiempo determinado, porque cada persona es distinta y tiene circunstancias diferentes que van a ayudar o a poner más difícil que se logren los objetivos. Por supuesto es bueno tener unos objetivos claros para saber hacia dónde se camina, pero también se debe ser flexible y saber modificar esos objetivos según las circunstancias que se vayan produciendo.

Asimismo, hay que tener en cuenta que a veces son las personas con las que se trabaja quienes fijan sus propios objetivos y su temporalidad, siendo la persona voluntaria la que apoya durante el proceso.

 

No sentirse capaz 

Uno de los principales miedos que tienen las personas voluntarias al empezar su voluntariado es la inseguridad de no sentirse capaz de realizar su actividad. Es totalmente normal sentir este tipo de inseguridad al enfrentarse a una situación nueva. Lo más aconsejable, para no sentir este miedo, es empezar el voluntariado con un colectivo con el que ya se haya tenido experiencia o que nos motive para trabajar.

En todo caso, la persona voluntaria debe ser responsable a la hora de elegir su voluntariado, pues solo ella sabe cuáles son sus capacidades y habilidades. El elegir un voluntariado de forma poco responsable puede suponer frustración y desmotivación, perjudicando a la persona voluntaria y a las personas con las que se trabaja.

 

Falta de equipo

En este sentido pueden darse varias circunstancias: que la organización no gestione bien su equipo de personas voluntarias o que la nueva persona voluntaria no se adapte bien al grupo de voluntarios/as, ya sea por su personalidad, por el propio funcionamiento del grupo o porque las características de la acción voluntaria no permiten que el trabajo se haga en grupo.

En cualquiera de estos casos es complicado mantener la motivación y la participación a largo plazo y con continuidad. Para que esto no suceda es importante que la organización sepa gestionar su grupo de voluntarios/as y que el propio grupo sea quien planifique y organice sus actividades contando siempre con el apoyo de la organización.

equipo

 

Metodología y organización del trabajo

En muchas organizaciones de voluntariado no se cuenta con un área de voluntariado o una persona responsable del equipo de voluntariado, lo que se traduce en una mala organización de las actividades o una metodología que no conduce a ninguna parte. Esto puede desembocar en la frustración de las personas voluntarias, ya que pueden sentir que están perdiendo el tiempo, con la consiguiente desvinculación por parte de las mismas.

Las personas voluntarias deben exigir a la organización profesionalidad y buena gestión del equipo de voluntarios/as, porque la acción voluntaria no significa que las cosas se hagan de cualquier manera. Se recomienda que antes de abandonar la actividad de voluntariado se hagan propuestas a la organización para mejorar la gestión del equipo de voluntarios/as y participar en dicha mejora.

 

No sentirse útil 

Con bastante frecuencia las personas voluntarias sienten que su trabajo no beneficia a nadie ni directa ni indirectamente, lo que puede condicionar su trabajo y su actitud. Algunas veces tienen razón y otras veces es una percepción equivocada de la realidad que puede estar influenciada por un problema interno de la persona (cansancio, impotencia, rutina...).

A veces, la causa está en que la persona voluntaria tiene una visión reducida y muy parcial de todo el proceso, no conoce los precedentes y los objetivos a largo plazo. Tener una visión general de todo hace que la persona vea cómo contribuye su esfuerzo. Esto solo se logra involucrando a las personas voluntarias en los procesos de planificación y decisión que lleven a cabo las organizaciones.

 

Excesos, defectos y errores en la formación

Otra de las sensaciones que puede tener la persona voluntaria es no tener suficiente formación para realizar su voluntariado. Esto sucede a veces porque algunas personas sienten constantemente que no están preparadas para una labor concreta, aún habiendo recibido la formación necesaria, lo que puede ser reflejo del miedo a no sentirse capaz de realizar adecuadamente su voluntariado. 

En este caso la persona responsable del equipo de voluntarios/as debe indagar si esa falta de formación es real o si por el contrario es reflejo del miedo y actuar según las circunstancias, bien ofreciendo una formación complementaria o hablando con la persona voluntaria para que se dé cuenta de que todo es producto del miedo y no de una falta de formación.

formación

No obstante, hay que tener en cuenta que la formación es un derecho y un deber de la persona voluntaria, y las organizaciones son quienes deben procurar esa formación para que la actividad de voluntariado se realice de la mejor manera posible.

 

Conoce al Autor/a:
  • Laura Cristina Del Pino García   Contactar con el Autor
    Licenciada en Administración y Dirección de Empresas y Derecho y Máster en Cooperación Internacional para el Desarrollo

    Tiene 7 contenidos
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