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El jefe del equipo de trabajo debe
tratar de ganarse el apoyo de sus colaboradores ya que esto
permite una mayor cohesión dentro del grupo, gente más involucrada
en su trabajo, más motivada, etc.
Para ganarse este apoyo son necesarios
una serie de requisitos; dar ejemplo, dispensar un trato correcto,
crear un ambiente de trabajo agradable, no adoptar actitudes déspotas,
dictatoriales, etc.
No obstante, lo anterior no va reñido
con mantener la disciplina necesaria, con ser exigente con
las actuaciones y con ejercer la autoridad cuando sea conveniente.
Aunque la persona
sancionada difícilmente encontrará su castigo justificado, a
la larga los subordinados distinguen claramente cuando el
jefe usa su autoridad y aplica sanciones de manera arbitraria,
caprichosa e injusta, y cuando lo hace justificadamente.
En este segundo caso es frecuente
que la sanción, sobre todo si es mesurada, en lugar de crear
un sentimiento de animadversión contra el jefe lo que genere
es un afán de superación, el decir "a mi esto no me vuelve a
suceder".
Un
jefe que no utiliza su autoridad termina perdiéndola y sin autoridad
es imposible dirigir un grupo humano.
En todo caso, la sanción debe utilizarse
con mucha moderación, cuando ya no haya más remedio y de modo
que para la persona sancionada no suponga una humillación.
Por supuesto
se sanciona en privado, nunca en público delante de los
compañeros.
Hay que cuidar el estilo:
No es lo mismo
decirle a un colaborador que debido a que su rendimiento ha
estado por debajo del requerido se ha tomado la decisión de
suprimir su gratificación extraordinaria, que decirle que
su nivel de incompetencia es intolerable, que para vaguear
mejor que se quede en casa y que a ver si se larga de una
vez y deja a la empresa en paz.
Cuando se sanciona hay que informar
al colaborador de manera detallada de los motivos de
dicha medida.
La sanción no puede crear discriminaciones:
Ante hechos
similares no se pueden aplicar sanciones diferentes en base
a la persona que comete la infracción. La discriminación genera
resentimiento contra el jefe del equipo y puede dañar de manera
irreparable su unidad.
La sanción debe ser proporcionada
al daño causado.
No se puede
caer en los extremos: ni ser excesivamente riguroso ni demasiado
blando.
Antes de sancionar es necesario confirmar
lo ocurrido y conocer la parte de culpa que corresponde a
la persona que va a recibir el castigo.
No se puede
sancionar a un colaborador sin motivos, ni tampoco se puede
sancionar y luego desdecirse.
En todo caso, la actuación de la
dirección debe ser equilibrada:
Si se sancionan
los errores también se deben premiar los aciertos.
Además, resulta
más aleccionador conceder un premio a un miembro del equipo
por un trabajo bien hecho (sirve de ejemplo sobre cómo hay
que trabajar) que sancionar por un trabajo mal hecho (esto
sólo enseña aquello que hay que evitar; sirve para marcar el
límite inferior, pero no indica que es aquello que se espera
del empleado).

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