Falta
de liderazgo: el jefe no organiza, no motiva, no
empuja. En definitiva, no lidera.
Objetivo
mal definido: esto origina que el equipo no sepa
a qué atenerse, que se produzcan conflictos con otras áreas
de la organización por invasión de competencias, que no se aborden
temas que en cambio sí le corresponden.
Escasa comunicación:
tanto dentro del equipo como con el resto de la organización.
La labor de
un equipo exige ante todo coordinación: los miembros conocen
en profundidad un ámbito determinado del proyecto pero les
falta una visión global del mismo.
Poner todas estas piezas en orden,
que vayan encajando, exige mucha comunicación entre todos
los componentes del equipo. Sin comunicación la coordinación
es imposible.
Desmotivación:
se ofrece al equipo un proyecto muy interesante y al final la
realidad resulta ser muy diferente, con trabajos rutinarios
y de poca trascendencia.
Complejidad
del proyecto: también puede ocurrir justamente lo
contrario, que el trabajo asignado sea demasiado complejo y
que el equipo no se encuentre preparado, no cuente con gente
con la formación y experiencia necesarias.
En aquellos
proyectos complejos, con un plazo de ejecución muy
amplio, que presentan numerosas dificultades, donde no se
aprecian avances, es muy posible que el equipo se termine
desencantando.
De ahí la importancia de establecer
metas intermedias que permita al equipo ilusionarse con
su logro.
A veces al trabajo en equipo le falla
el apoyo de la organización.
El equipo
de trabajo se introduce como algo novedoso pero poco a poco
va cayendo en el olvido, queda descolgado, sin un lugar
determinado dentro de la estructura organizativa.
Algunos directivos se muestran
reacios al trabajo en equipo. Por desconocimiento, porque
no confían en su eficacia, porque le resta poder, porque temen
que al tener que trabajar estrechamente con otros colegas
queden al descubierto sus carencias.
Los proyectos iniciales pierden
interés y el equipo va quedando sin cometido.
A veces lo
que falla es la adaptación de la organización a esta
nueva forma de organizar el trabajo.
Se potencian
los equipos de trabajo pero al mismo tiempo se sigue manteniendo
unos esquemas de evaluación y remuneración enfocados únicamente
en el individuo.
Falta de
reconocimiento: Si el proyecto exige a los miembros
del equipo un fuerte sacrificio personal hay que compensarles
económicamente.
Dificultades
de relación dentro del equipo. Inicialmente sus miembros
se encuentran ilusionados, con ganas de hacer, orgullosos de
pertenecer al equipo, pero poco a poco este ambiente cordial
se va deteriorando.
La tensión
del trabajo, las diferentes personalidades de sus miembros
(caracteres problemáticos, ambiciones, timideces, falta de
tacto en el trato, etc.), los pequeños roces personales, etc,
van enturbiando las relaciones.
El estrecho contacto personal que
demanda el trabajo en equipo puede hacer que la atmósfera
de trabajo se haga insoportable (miembros que no se dirigen
la palabra, que se acusan de los fallos del proyecto, que
se ocultan información, etc.).
La química personal entre los
diferentes componentes va a determinar en muchos casos
el éxito o fracaso de un equipo.