Una empresa en plena fase de expansión,
que tiene que acometer importantes inversiones, lo lógico
es que su pay-out sea bajo
y retenga la mayor parte del beneficio dentro de la empresa
para financiar su crecimiento.
Una empresa madura, cuyas
inversiones previstas son limitadas, su
pay-out debería ser elevado, repartiendo a
sus accionistas un porcentaje importante de sus beneficios.