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4.1.- Concepto y deficiencias en la calidad
Cuando hablamos de calidad nos referimos
a una medida de la excelencia. La calidad para el marketing adopta
la perspectiva del cliente. Por tanto, un servicio de calidad
supone ajustarse a las especificaciones de los clientes. Es tanto
realidad como expectativas. Para gestionar la calidad
debemos mirar con los ojos de los clientes y preguntarnos:
· Que
quiere
· Cuando
· Y a que precio.
Es preciso diferenciar la calidad técnica
de la calidad desde el punto de vista del marketing.
La calidad técnica es la que
se puede medir, responde a las especificaciones de producción.
El número de bacterias por centímetro cuadrado del
baño del hotel es una medida de la calidad técnica.
La verdadera dimensión de la
calidad es la subjetiva . La gestión de la calidad total
se enfoca a la satisfacción del cliente. El
cliente de un hotel no puede saber el número de bacterias
por centímetro cuadrado en el suelo del baño así
que se guía por pistas de calidad. Si el baño huele
a limpio, parece limpio y hay precintos que pone desinfectado,
el cliente supone que está limpio. Es una percepción
subjetiva de calidad.
Es precisa una gestión activa
de la calidad percibida por los clientes. La gestión
comienza por identificar los atributos fundamentales que el consumidor
utiliza para valorar o seleccionar. Por ejemplo, se descubrió
que el atributo fundamental en la selección de cortacésped
es la potencia.
Podemos emplear ciertos elementos tangibles
que añadimos como pistas de calidad. Se descubrió
que los consumidores evaluaban la potencia de los cortacésped
mediante el ruido así que algunos fabricantes aumentaron
el ruido de sus productos. La clínica elegante, la forma
de vestir, los títulos en la pared son elementos tangibles
que tratan de transmitir una idea de calidad.

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