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La puesta en marcha de un equipo
de trabajo es un proceso complejo que pasa por diferentes
fases.
Simplemente
reunir a un grupo de personas para realizar un trabajo no significa
constituir un equipo de trabajo. El equipo exige mucho más:
coordinación, comunicación entre sus miembros, complementariedad,
lealtad hacia el equipo, etc.
En primer lugar hay que definir con
claridad cuales van a ser sus cometidos y cuales los objetivos
que deberá alcanzar. Hay que tener muy claro que la tarea encomendada
debe justificar la formación de un equipo de trabajo.
Sólo se deben
formar equipos cuando haya razones de peso, si no será una pérdida
de tiempo y de esfuerzo.
Hay que determinar su posición dentro
de la organización.
De quién va
a depender, cuáles van a ser sus relaciones con el resto de
las áreas.
Hay que seleccionar a sus miembros.
En función de la tarea asignada hay que buscar a personas con
capacidades y experiencia suficiente para cubrir adecuadamente
las distintas facetas del trabajo encomendado.
Hay que seleccionar
personas con capacidad para trabajar en equipo evitando
individualistas. Es preferible además que tengan personalidades
diferentes ya que ello enriquece al equipo: unos más extrovertidos
que otros; unos apasionados y otros reflexivos; unos generalistas
y otros más detallistas, etc.
Aunque pueda parecer que la diversidad
puede complicar la gestión del equipo, lo que sí es cierto
es que contribuye a su enriquecimiento (cada persona
aporta unas cualidades diferentes).
Entre los miembros seleccionados
se nombrará un jefe del equipo en base a su mayor experiencia,
a su visión más completa del trabajo asignado, a su capacidad
de conducir grupos, etc.
Al equipo hay que comunicarle con
claridad el proyecto asignado, el plazo previsto de ejecución,
los objetivos a alcanzar, cómo se les va a evaluar y como puede
afectar a la remuneración de sus miembros.
Ya dentro del equipo, el jefe les
informará de cómo se van a organizar, cual va a ser el cometido
de cada uno, sus áreas de responsabilidad, con qué nivel de autonomía
van a funcionar, etc.
Una vez constituido el equipo, el jefe
los reunirá antes de comenzar propiamente el trabajo con vista
a que sus miembros se vayan conociendo, que comience a
establecerse una relación personal entre ellos.
No se trata
de que tengan que ser íntimos amigos pero al menos que se conozcan,
que tengan confianza, que exista una relación cordial.
Es conveniente fomentar el espíritu
de equipo, el sentirse orgulloso de pertenecer al mismo.
No se trata de fomentar un sentimiento de división entre "nosotros"
(los miembros del equipo) y "ellos" (el resto de la organización),
pero sí un sentimiento de unidad, de cohesión.
El equipo no puede funcionar de espalda
a la organización como una unidad atípica, extraña. Muy al
contrario, debe estar plenamente integrada en la misma.
Para ello resulta
muy interesante las actividades extralaborales: comidas
informales, actividades de ocio - excursiones, equipos deportivos,
etc-).
Hay que ser consciente de que los
equipos van a necesitar tiempo para acoplarse y funcionar
eficazmente. Normalmente los equipos irán pasando por diversas
etapas:
Inicio:
predomina el optimismo, los miembros se sienten ilusionados
con el proyecto que se les ha encomendado; se conocen poco pero
las relaciones son cordiales, todos ponen de su parte para evitar
conflictos.
Primeras
dificultades: el trabajo se complica y surgen las
primeras dificultades lo que origina tensión y roces entre sus
miembros; las diferencias de carácter y personalidad asoman.
Acoplamiento:
los miembros son conscientes de que están obligados a entenderse
si quieren sacar el proyecto adelante. Esto les obliga a tratar
de superar los enfrentamientos personales. Por otra parte, los
miembros ven que, aunque con dificultades, el proyecto va avanzando
lo que permite recuperar cierto optimismo.
Madurez:
el equipo está acoplado, controla el trabajo y sus miembros
han aprendido a trabajar juntos (conocen los puntos débiles
de sus compañeros y evitan herir sensibilidades). El equipo
entra en una fase muy productiva.
Agotamiento:
buena parte del proyecto ya está realizado, quedan flecos menores
y los miembros del equipo comienzan a perder ilusión en el mismo.
El rendimiento puede volver a caer y es posible que vuelvan
a surgir rivalidades. Llega el momento de ir cerrando el proyecto
e ir liquidando el equipo, quedando únicamente aquellas personas
necesarias para rematar el trabajo.
Conociendo este desarrollo, es conveniente
al principio no presionar al equipo en exceso, darle tiempo
para que se vaya rodando.
Un equipo
que empieza funcionando bien tiene más probabilidades de tener
éxito. Por el contrario, un equipo que comienza con problemas
y tensiones es muy posible que entre en una espiral negativa
de la que difícilmente salga.
Además, para muchas personas trabajar
en equipo resulta una experiencia novedosa, diferente de su
forma habitual de funcionar, por lo que hay que darles tiempo.
Resulta interesante
ofrecer a sus miembros cursos de formación sobre el trabajo
en equipo (coordinación, toma de decisiones, responsabilidades,
desarrollo de las reuniones, funciones del líder, etc.)

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