Con esta expresión se denomina el posible
juego sucio que de forma sutil un miembro del equipo puede
tratar de hacerle al jefe.
Cuando un jefe
dirige un equipo puede ocurrir que algunos de sus miembros traten
de boicotear su gestión. Por enemistad, por celos profesionales,
por querer desbancarle, etc.; los motivos pueden ser diversos.
En todo colectivo
humano cabe que existan personas dañinas, lo que obliga al jefe
del equipo a estar muy pendiente de su gente, seguirlas muy
de cerca, tratando de detectar cualquier movimiento de oposición
que pueda surgir.
Mientras
antes se descubra más posibilidades habrá de neutralizarlo.
El jefe del equipo debe tratar de
mantener una comunicación fluida con todos sus colaboradores,
conocer sus preocupaciones, sus frustraciones, sus desacuerdos
con las decisiones adoptadas.
Esto permite
que las posibles diferencias se vayan detectando y solucionando
sobre la marcha, evitando que se pueda ir generando un
malestar interno.
Cuando la oposición de un miembro
del equipo al jefe es directa, el enfrentamiento es abierto,
no se puede hablar de agendas ocultas. En este caso las
cartas están sobre la mesa y el jefe sabrá a qué atenerse.
La oposición de un colaborador suele
ser más dañina cuando es tapada, sigilosa, cuando se trata
de menoscabar el prestigio del jefe entre el resto de los compañeros.
El colaborador rebelde tratará de conseguir
apoyos dentro del equipo con vista a intensificar su operación
de acoso.
A veces el jefe del equipo no detecta
nada hasta que el daño ocasionado es ya muy significativo.
El miembro conflictivo
habrá conseguido erosionar muy seriamente su credibilidad, habrá
propagado falsos rumores, habrá deteriorado gravemente el ambiente
de trabajo, la cohesión del grupo.
Un ataque de este tipo puede arruinar
el futuro del equipo.
Si el jefe llega a detectar la existencia
de estas agendas ocultas debe actuar de inmediato.
Debe comenzar
manteniendo un encuentro con la persona implicada. Esto
permite:
Dejarle claro
que se está al tanto de su actuación y que no se piensa tolerar.
Tratar de conocer los motivos de
este ataque y ver si se pueden solucionar.
Antes de dar este paso hay que asegurarse
plenamente de que esta persona está efectivamente promoviendo
una "revuelta" dentro del equipo.
Si este colaborador (o colaboradores)
persiste en su actitud no quedará más remedio que apartarlo
del equipo por muy importante que sea su cometido.
Si siguiera
dentro del equipo podría ocasionar mucho daño.
Una estrategia que no suele funcionar
es la de no reaccionar, hacer como si uno no supiera nada
con la esperanza de que el tiempo vaya solucionando el problema.
Normalmente
el tiempo lo que hará es agravarlo. Además, el líder trasmitirá
una imagen de debilidad o en el mejor de los casos de no enterarse
de la película.