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La motivación hace referencia
a todas aquellas actuaciones de la empresa encaminadas a ilusionar
a su personal con vista a conseguir de ellos un fuerte compromiso
con el trabajo.
Cuando una organización introduce el
trabajo en equipo debe tener en cuenta que a partir de ese momento
tendrá que aplicar un doble esquema de motivaciones.
Uno dirigido
al equipo y otro dirigido al individuo.
La organización debe conseguir que el
equipo esté motivado si quiere que rinda al máximo y para ello
no es suficiente con que lo estén algunos de sus miembros y otros
no.
La empresa debe cuidar una serie de
factores para conseguir ilusionar al equipo:
Proyectos
a la altura de las expectativas creadas: proyectos exigentes,
que supongan un auténtico desafío.
No se puede
reunir un grupo de profesionales, ilusionarlos, y luego encomendarles
un trabajo gris, anodino, etc. No se pueden defraudar las
expectativas creadas.
Autonomía: darle al equipo
la oportunidad de organizarse, de planificar su trabajo, de
tomar sus decisiones.
La empresa
debe exigir unos resultados determinados pero debe conceder
margen de actuación.
Bonus económico en función del
resultado alcanzado: si se exige a la gente que se sacrifique,
que se entregue en el trabajo, hay que recompensarles económicamente;
no valen únicamente buenas palabras y promesas futuras.
También resulta muy motivador para
el equipo el ir alcanzando metas parciales, aunque sean
pequeñas.
De ahí la
importancia de no fijar únicamente una gran meta final, sino
de establecer también objetivos intermedios que el equipo
pueda tratar de alcanzar con cierta rapidez.
Un éxito
temprano contribuye a aumentar la autoconfianza del equipo.
Aunque el equipo de trabajo exige al
miembro renunciar en gran medida a su lucimiento personal
anteponiendo el interés del equipo, siempre le va a seguir
preocupando su situación particular.
Es imposible
motivar a un equipo si individualmente sus miembros no lo están.
Cada empleado es diferente y cada uno
tiene su propia escala de valores: Lo que motiva a uno puede ser
diferente de lo que motiva a otro. Pero en mayor o menor medida
hay una serie de objetivos que cualquier empleado busca en
su trabajo:
Tener un
sueldo que le permita cubrir con cierta holgura sus necesidades
económicas.
Formarse: que el día a día
le permita irse desarrollando profesionalmente.
Hacer carrera en la empresa,
ir asumiendo responsabilidades, poder tomar decisiones, poder
innovar, etc.
Un buen ambiente de trabajo,
exigente pero de respeto, con una relación fluida con su jefe,
que se le trate como profesional y no como un simple subordinado.
El empleado siempre valorará un reconocimiento
del jefe (a veces puede resultar más motivador que una recompensa
económica).
El jefe
del equipo debe ser generoso ante los éxitos de sus colaboradores,
reconociéndolos públicamente delante del resto del equipo.
Y debe ser comprensivo ante los errores
si estos se producen a pesar de que se haya puesto empeño y
seriedad en el trabajo. Lo que no debe tolerar será la falta
de dedicación y de profesionalidad, la improvisación.
Como conclusión:
La empresa debe
buscar que la participación de un empleado en un equipo de
trabajo suponga para él una oportunidad de alcanzar las
metas anteriores.

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