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En el desarrollo de un equipo de trabajo
es frecuente que en algún momento puedan surgir conflictos
personales, lo que en si no tiene mayor importancia
ya que es normal que en una relación intensa y prolongada entre
personas surjan ocasionalmente roces.
La diferencia
de carácter de los miembros, la tensión que genera el trabajo,
las dificultades, etc.
El problema se presenta cuando
este conflicto termina generando un enfrentamiento grave entre
dos o más miembros del equipo.
Esta situación
origina que el rendimiento del equipo se resienta de
inmediato.
Es imposible coordinar y avanzar
en un proyecto cuando dentro del equipo hay enfrentamientos.
Un equipo
enfrentado es un equipo abocado al fracaso.
Para que un equipo de trabajo sea
eficiente es absolutamente necesario que sus miembros estén
perfectamente compenetrados.
Partiendo de estas consideraciones resulta
evidente que un equipo no puede permitir que en su seno
se produzca este tipo de enfrentamientos, o si surgen tiene
que tratar de atajarlos inmediatamente.
Todos los miembros
del equipo, pero especialmente su jefe, están obligados a velar
porque exista una buena armonía, un buen ambiente de trabajo,
lo que reducirá considerablemente las posibilidades de enfrentamientos.
El jefe del equipo deberá preocuparse
por:
Fomentar
la comunicación, el trato personal, buscando que
la relación entre los integrantes no sea meramente profesional.
Conocer de
cerca a su gente, qué piensan, cómo se sienten, qué
les preocupa, tratar de conseguir que se encuentren a gusto.
Darle a su
gente confianza, mostrarse cercano, que le puedan
consultar sus preocupaciones. Detectar cambios de humor, intentar
ver qué puede haber detrás.
Evitar situaciones
injustas: diferencias significativas de carga de
trabajo, diferencias de sueldos injustificables, etc.
O agravios
comparativos: alabanzas del jefe dirigidas siempre
a los mismos miembros, cierto trato preferencial a parte del
equipo (compartir con ellos más información que con el resto,
quedar habitualmente con ellos a comer sin contar con el resto
del equipo, tener reuniones informales sin avisar a los demás,
etc.).
Cuando surge el conflicto el jefe
debe actuar:
Inicialmente
dará un margen prudencial a los miembros enfrentados para
que ellos mismos resuelvan sus diferencias (a los colaboradores
siempre hay que tratarlos como adultos).
Si el asunto sigue sin resolverse
el jefe intervendrá, hablando con las personas implicadas
y exigiéndoles que pongan fin a sus rencillas, advirtiéndoles
que no va a tolerar comportamientos que pongan en peligro el
proyecto.
Si el conflicto persiste, tomará
cartas en el asunto, informándose previamente con detalle
de lo sucedido y adoptando a continuación la decisión que estime
oportuna.
Lo que el jefe no puede permitirse
bajo ningún concepto es hacer la vista gorda y no darse por
enterado de lo que está ocurriendo, esperando que el tiempo solucione
los problemas.
El tiempo
normalmente juega en contra y lo que inicialmente era una
pequeña diferencia se puede convertir en un enfrentamiento total.
Además, si el jefe no interviene
su autoridad frente al resto del equipo se deteriorará,
reduciendo su autoridad para gestionar ese grupo humano.
Si algún miembro del equipo resulta
ser una persona muy conflictiva, el jefe deberá actuar
con rapidez y apartarlo del mismo lo antes posible ya que
podría causar mucho daño.

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