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El trabajo en equipo no se puede convertir
en un medio de evitar asumir responsabilidades particulares tratando
uno de desviarlas hacia el grupo.
No se puede
permitir que los miembros del equipo eviten tomar decisiones,
tratando de que sea el equipo en su conjunto o bien el jefe
quienes las tengan que asumir.
Además, la agilidad del trabajo
exige que sus miembros vayan tomando decisiones sobre la
marcha.
El jefe del equipo debe dejar muy claro
desde el principio cual va a ser el ámbito de responsabilidad
de cada miembro y con qué autonomía van a contar para su desempeño.
Para que la gente se involucre completamente
en el trabajo y para que éste se desarrolle con cierta fluidez
es fundamental que cada miembro asuma ciertas responsabilidades
personales.
Hay que exigir
a los colaboradores que decidan ellos mismos; hay que evitar
la tendencia de algunas personas de consultar siempre y no querer
decidir nunca.
Además, debe favorecerse dentro del
equipo una atmósfera que favorezca la toma de decisiones.
Para ello el
jefe debe empezar por dar ejemplo, aceptando las propias
responsabilidades y no tratando de desviar hacia el equipo asuntos
que a uno le competen.
Por otra parte, si una decisión
adoptada por algún miembro del equipo, tras un análisis riguroso
y serio, resulta equivocada el jefe debe ser comprensivo.
Nada de reprender, abroncar o amenazar al colaborador, sino
todo lo contrario, es el momento de darle apoyo (lo va a necesitar).
Esto no implica que no se analicen
los motivos del error y se trate de tomar medidas para que no
se vuelva a producir.
Lo que no se debe admitir nunca
(y en este caso sí debe actuar con contundencia) es cuando
el error es resultado de la improvisación, de la falta de
profesionalidad y de rigor, en definitiva, de cierta frivolidad.
En esta disyuntiva entre tomar decisiones
y posibles errores hay que tener presente que por regla general
a cualquier empresa le resulta mucho más gravoso no tomar decisiones
a tiempo que el hecho de que algunas de ellas resulten erróneas.
Un aspecto que hay que tener presente
es que cuando el equipo adopta decisiones de forma colectiva
éstas suelen ser más extremas que las que adoptarían individualmente
sus miembros, tanto si la decisión es conservadora como si es
arriesgada.
Esto se explica
porque individualmente se suelen rechazar las posiciones radicales
por miedo a equivocarse, mientras que en el grupo las personas
se sienten más arropadas y ello les lleva a extremar sus puntos
de vista.
Es un aspecto que hay que tener
en cuenta para evitar tomar decisiones excesivamente radicales.

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