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Las reuniones de trabajo constituyen
uno de los distintivos del trabajo en equipo. Se celebran
reuniones con cierta frecuencia, persiguiendo distintos objetivos:
Debatir y
decidir sobre aquellos asuntos de mayor trascendencia en
los que convenga conocer la opinión de todo el equipo.
Puesta en común; con el fin
de que todos los componentes tengan un conocimiento exacto de
la situación del proyecto, de las líneas en las que se va avanzando,
de las dificultades que van surgiendo y de las decisiones que
se van tomando.
También sirven para fijar criterios,
homogeneizar ideas, compartir opiniones, intercambiar puntos
de vista, ayudar a crear una cultura común (modo de actuar,
nivel de exigencia, escala de valores, etc.).
Además, favorece el contacto personal:
facilita la comunicación y ayuda a cohesionar al equipo.
La eficacia de las reuniones cuando
están bien organizadas y dirigidas exige que se les preste
la atención debida.
Las reuniones
hay que prepararlas con seriedad, empezando por el jefe
del equipo. Si los colaboradores detectan que éste acude a las
reuniones sin haberlas preparado es posible que terminen imitándolo,
convirtiéndose la reunión en una pérdida de tiempo.
Las reuniones únicamente se deben
convocar cuando haya una razón que lo justifique. No se
puede frivolizar convocando reuniones sin un objetivo claro,
simplemente porque toca hacerlo (supone una pérdida de tiempo
para todo el equipo, además daña internamente el sentimiento
de profesionalidad del equipo).
Preparar las reuniones implica:
Fijar
un orden del día que todos los asistentes deben conocer,
permitiéndoles preparar aquellos temas que se vayan a tratar.
El orden del día se establece con la intención de respetarlo,
lo que no impide cierta flexibilidad para poder tratar algún
asunto que pueda surgir sobre la marcha.
Se debe avisar
con tiempo suficiente a aquellas personas que vayan a presentar
algún informe para que tengan tiempo de prepararlos.
El jefe debe establecer
desde la primera reunión un
elevado nivel de exigencia, marcando la pauta al
resto del equipo (conocimiento exhaustivo del tema a exponer,
presentaciones en power-point, reparto al resto de asistentes
de un dossier con la información preparada, etc.).
Se debe fijar
un tiempo estimado para la reunión que hay que tratar
de respetar, si no las reuniones se terminan eternizando y se
termina abordando asuntos de escasa trascendencia.
Hay que evitar
fijar las reuniones en horarios "inconvenientes" (lunes
a primerísima hora de la mañana, viernes por la tarde, o cualquier
otro día muy avanzada la tarde, etc.).
Si las reuniones se alargan el jefe
del equipo debe fijar descansos de forma regular para
que los asistentes puedan despejarse. Hay que evitar reuniones
maratonianas que dejen
a los participantes exhaustos.
La sala de
reuniones debe ser cómoda, amplia, bien iluminada,
con la temperatura adecuada, sin ruido, etc.
El jefe del equipo se preocupará de
la participación de todos los miembros,
evitando que algunos puedan monopolizar la reunión mientras
que otros apenas participan.
Debe tratar de crear un clima
que favorezca un intercambio abierto y franco de puntos de vista,
donde se admita la discrepancia y se fomente el debate. Tiene
que evitar que se produzcan enfrentamientos personales que enrarezcan
el ambiente.
Si bien el
debate en algún momento se pueda acalorar, lo que no se
puede permitir bajo ningún concepto es que se produzcan ataques
personales.
Por otra parte, en el momento
en el que se adopta una decisión, por polémica que sea,
se exigirá a todos los miembros del equipo un apoyo incondicional
(ya no es tiempo de discrepar).
Durante las reuniones algún asistente
debe ir tomando notas de los asuntos
tratados, decisiones adoptadas, posibles actuaciones
encomendadas a algunos miembros, etc.
Posteriormente,
y una vez finalizada la reunión, se repartirá copia de este
acta al resto de asistentes.
En definitiva, es responsabilidad
del jefe del equipo velar porque las reuniones se desarrollen
con normalidad y resulten útiles.
A continuación, y a título de ejemplo,
señalamos algunas actuaciones que el jefe debe evitar.
Convocar
una reunión sin un asunto que realmente lo justifique.
Por otra parte,
a las reuniones se convocarán únicamente a las personas
pertinentes. Hay que evitar que las reuniones puedan suponer
una pérdida de tiempo para parte de los asistentes que no
tienen nada que ver con el tema tratado.
Llegar tarde a la reunión:
si exige puntualidad a los miembros del equipo debe predicar
con el ejemplo. La falta de puntualidad resta seriedad, hace
perder el tiempo a los demás y crea un precedente que puede
ser imitado.
Trivializar la reunión: adoptar
un tono excesivamente desenfadado. No se trata de que haya que
dirigir las reuniones con excesivo rigor, incluso cabe algún
momento de relajación, pero lo que no se debe permitir es que
éstas pierdan seriedad.
Monopolizar la reunión: acaparar
el tiempo sin apenas permitir a los otros asistentes intervenir.
La reunión se organiza para que la gente participe y exponga
sus puntos de vista, por lo que hay que darles la oportunidad
de hacerlo.
Tampoco
se puede permitir que un asistente intente monopolizar la
reunión; además, hay que tratar de que aquellas personas
menos proclives a participar también tomen la palabra.
No ejercer la autoridad que
su cargo le confiere: Aunque no debe abusar de la misma y siempre
debe tratar de convencer antes que ordenar, no obstante si en
algún momento hace falta llamar al orden debe saber hacerlo.
Permitir que la reunión se aleje
de su objetivo principal y derive hacia otros asuntos menores.
Otro posible fallo es no ir cerrando temas: ir pasando de un
tema a otro sin tomar decisiones claras.
En el acta
de la reunión hay que recoger de forma precisa los temas tratados
y las decisiones adoptadas.

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