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Cuando se constituye un equipo de trabajo
se produce una doble delegación de competencias:
Por una parte,
la organización delega en el equipo
una serie de funciones, concendiéndole más o menos autonomía
para desarrollar su trabajo.
Por otra parte,
dentro del equipo también se produce una delegación
de competencias a favor de sus miembros,
para que estos realicen su actividad.
En relación con el primer nivel de
delegación (de la organización al equipo de trabajo) esta
delegación debe ser suficientemente amplia.
La organización
fija los objetivos a alcanzar pero debe dar rienda suelta
al equipo para que organice su trabajo como considere
conveniente y para que tome sus propias decisiones, asumiendo
responsabilidades.
Los miembros del equipo son los
que mejor conocen la tarea a realizar (son los expertos)
y los que mejor saben cómo deben organizarse.
Sólo un equipo al que se le deje
margen de maniobra será capaz de involucrarse en su trabajo
y realizarlo de una manera eficiente.
Delegar en el equipo es darle un
voto de confianza. Si la organización no delega el equipo
tendrá las manos atadas y no podrá cumplir su misión.
En cuanto al segundo nivel de delegación
(dentro del equipo), esta se produce cuando el jefe del equipo,
responsable del proyecto, delega parte de sus facultades en
sus colaboradores.
Los miembros
del equipo darán lo mejor de si cuando se sientan valorados
profesionalmente y el darles capacidad de decisión (aunque
limitada) es una prueba de ello.
Por otra parte, si se quiere que
el equipo funcione con agilidad es necesario delegar en los
colaboradores, que estos puedan tomar decisiones sobre la
marcha, sin tener que consultar permanentemente al jefe.
La delegación conlleva asumir la
responsabilidad de la decisión tomada.
Aquellos temas de mayor trascendencia
serán los que se deban consultar con el jefe o los que se debatan
en comité.
En toda delegación es fundamental establecer
claramente los límites de la misma para evitar que se puedan
sobrepasar (arrogándose unas facultades que no se hayan concedido)
o dejando de atender unos cometidos que en cambio sí han sido
delegados.
Por otra parte, quien delega (ya sea
la organización, ya sea el jefe del equipo) tendrá que asegurarse
previamente de que quien recibe la delegación cuenta con la preparación
necesaria para hacer un buen uso de la misma.
La delegación
no exime a quien la concede de responder del buen uso que se
haga de ella. Quien delega no queda al margen de las decisiones
que tome la persona en quien se ha delegado.

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