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Entre las principales virtudes de un
buen negociador destacan la flexibilidad y la creatividad.
La flexibilidad
define su capacidad de maniobra, el saber ajustarse a
cada situación concreta.
La creatividad se refiere a su
habilidad para encontrar soluciones alternativas, para encontrar
puntos de acuerdo allí donde aparentemente no los hay.
Ya se ha comentado la importancia que
tiene la fase de preparación antes de sentarse a negociar.
En esta fase hay que definir los objetivos,
la estrategia, los argumentos, etc. No obstante, por mucho
que se haya podido prever el desarrollo de las negociaciones la
realidad puede ser luego bien distinta, pudiendo tomar la
negociación un rumbo completamente diferente.
Esto exige una
mente abierta, dispuesta a reaccionar ante los acontecimientos,
ante la nueva información y ante los nuevos planteamientos.
Un negociador no se puede sentir encorsetado
por la estrategia que había preparado sino que tiene que tener
capacidad de adaptación.
Una buena preparación (dominar
nuestra oferta, nuestros objetivos, conocer los intereses de
la otra parte, la oferta de los competidores, tener claro nuestro
margen de negociación, etc.) permite una mayor flexibilidad.
Por contra,
el negociador poco preparado suele mantenerse inmóvil,
temeroso de apartarse de sus planteamientos iniciales por
miedo a cometer algún error.
Cuando una de las partes se
muestra flexible obliga en cierta medida a la otra
a dar también muestras de flexibilidad.
La creatividad, por su parte,
contribuye a aumentar sustancialmente las posibilidades
de cerrar con éxito la negociación.
La creatividad
es especialmente importante antes situaciones de bloqueo
que ponen en peligro el acuerdo.
El buen negociador se caracteriza
por buscar y encontrar caminos alternativos, por ser capaz
de analizar la situación desde diferentes puntos de vista, de
encontrar soluciones novedosas que sean aceptables para todos.
La creatividad permite también ensanchar
el área de colaboración. Se
inicia la negociación con el objetivo de alcanzar un acuerdo
sobre un tema determinado y se termina encontrando nuevas áreas
de colaboración.
Por ejemplo,
una fábrica de muebles inicia negociaciones con una serrería
para adquirir un lote determinado de madera y termina firmando
un contrato de suministro a 5 años.

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