Desplaza
el punto de equilibrio, reduciendo la actividad empresarial
y disminuyendo el beneficio total.
Los
impuestos, al afectar al precio de los bienes, distorsionan
las decisiones de compradores y vendedores, que se alejan
del punto natural de equilibrio.
Por
ejemplo, el impuesto sobre la renta puede llevar a determinadas
personas a tomar la decisión de trabajar hasta obtener cierto
nivel de ingresos, ya que a partir de entonces no les compense
seguir trabajando ya que una parte creciente de su renta
irá destinada a Hacienda.