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La elaboración del discurso,
aún siendo determinante, constituye tan sólo una primera etapa
de la preparación del acto (y puede que no la más complicada).
Cuando se prepara un discurso hay que
tener muy claro cuál es su objetivo, qué es lo que se pretende
conseguir (informar, motivar, divertir, advertir, etc.).
En primer lugar hay que definir el
tema de la exposición. Esto puede venir ya indicado por los
organizadores del acto (aunque uno siempre podrá darle su propia
orientación) o puede que uno tenga libertad para elegirlo.
Definido el tema, hay que determinar
la idea clave que se quiere transmitir y sobre la que va a
girar toda la argumentación.
Por ejemplo, se va a hablar sobre
el sector del vino en España y se quiere transmitir la idea
de su falta de proyección internacional.
Una vez seleccionada la idea clave,
hay que buscar argumentos en los que apoyarla. Para ello
lo mejor es dar rienda suelta a la imaginación ("lluvia de ideas")
e irlas anotando a medida que vayan surgiendo.
Este proceso puede durar algunos días
(hay que dar tiempo a la imaginación; las ideas surgen inesperadamente).
Una vez que se dispone de una lista
de posibles argumentos hay que seleccionar los 4 o
5 más relevantes (y no más).
Hay que tener presente que en un discurso
la capacidad de retención que tiene el público es limitada y que difícilmente va a ser capaz de asimilar más de 4 o
5 conceptos.
Tratar de apoyar la idea clave con
muchos argumentos a lo único que lleva es a que el público termine
sin captar lo esencial (los árboles no dejarían ver el bosque).
Una vez que se han seleccionado esos
pocos argumentos que se van a utilizar hay que desarrollarlos
en profundidad. Se utilizarán conceptos, datos, ejemplos,
citas, anécdotas, notas de humor (se pueden incluir aunque el
tema tratado sea muy serio).
El discurso se estructura en
tres partes muy definidas:
Introducción
(plantea el tema que se va a abordar y la idea que se quiere
transmitir).
Desarrollo
(se presentan los distintos argumentos que sustentan la idea).
Conclusión
(se resalta nuevamente la idea y se enumeran someramente los
argumentos utilizados).
El discurso no tiene por qué
ser una pieza literaria, lo que sí debe primar es la claridad.
Al ser escuchado (y no leído) el público
no tiene tiempo de analizar detenidamente el lenguaje utilizado,
la estructura de las frases, etc.
Además, en el supuesto de no entender
una frase no va a tener la posibilidad de volver sobre ella.
Todo ello lleva a que en el discurso
deba emplearse un lenguaje claro y directo, frases sencillas
y cortas. Hay que facilitarle
al público su comprensión.
Para terminar, señalar algunos aspectos
importantes:
Independientemente del tema que se
vaya a tratar, hay que procurar que el discurso resulte atractivo,
novedoso, ágil, con gancho, bien fundamentado, interesante (aunque
el tema abordado sea tan árido como, por ejemplo, "La reforma
fiscal durante la II República).
Debe primar siempre la idea de
la brevedad (el público lo agradece). La brevedad no implica
que el discurso tenga que ser necesariamente corto, sino que
no debe extenderse más allá de lo estrictamente necesario (ir
"al grano", evitar rodeos que tan sólo dificultan la comprensión
y terminan aburriendo).
Siempre es
preferible quedarse corto que pasarse.

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