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Cuando se habla en público, el estilo
de la intervención va a depender de diversos factores, entre
ellos los que se señalaron en la lección anterior.
Es decir, en
función del motivo de la intervención, del objetivo que se pretende
conseguir, del público asistente, etc., el discurso tendrá un
estilo determinado.
Un mismo tema se puede presentar
de maneras muy diferente (por ejemplo, la presentación de
los resultados de una empresa variará según se trate de rendir
cuentas ante los accionistas o de felicitar a los empleados por
los objetivos conseguidos).
No se puede pretender hablar en público
siempre de la misma manera: hay que ajustar el estilo de la
intervención a las características de cada ocasión, ya que si
no se hiciera la actuación podría resultar en un enorme fracaso
(con independencia de que uno sea un experto en la materia).
Las características que definen
el estilo de una intervención son numerosas:
Formal o informal
Serio o desenfadado
Sobrio o entusiasta
Cercano o distante
Riguroso o generalista
Monólogo o participativo
Con apoyo visual (proyector) o no
Etc.
Ejemplos:
Discurso en
un acto oficial: será un discurso formal, sobrio y riguroso.
Presentación de un proyecto técnico:
será un discurso muy técnico y preciso, el estilo puede ser
más informal y cercano, se utilizará apoyo visual, posibilidad
de preguntar, etc.
Discurso de inaguración de las fiestas
locales: informal (aunque no por ello menos preparado), entusiasta,
divertido (con anécdotas, toques de humor, ironía, etc.), cercano,
etc.
Palabras improvisadas en un banquete
de boda: informal, familiar, entrañable, breve, etc.
El orador buscará darle a su intervención
aquella orientación con la que pueda lograr el mayor impacto
posible con el público.
Si no se tiene
claro cual es el enfoque apropiado, habría que hablar con
los organizadores del acto o con alguna persona experta para conocer su opinión.
En caso de duda es preferible adoptar
la opción más conservadora: resulta menos llamativo hablar
de manera formal en un acto informal, que hablar de manera informal
en un acto formal.
La forma de vestir también puede
venir determinada por el tipo de acto (no es lo mismo intervenir
en el Congreso de los Diputados que en un meeting político).
Si no se cuidan todos estos detalles,
puede suceder que el orador no consiga captar la atención del
público, quien se irá con la impresión de que el discurso ha estado
completamente fuera de lugar.
Una última observación:
Un toque
de humor, sabiamente administrado, no está reñido con
la seriedad ni con el rigor (además, ayuda a acercarse a
la audiencia).

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