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En lecciones anteriores se ha comentado
la importancia de ensayar para poder llevar el discurso
perfectamente preparado y no dejar nada al azar.
No obstante, ello
no significa que el orador no pueda improvisar, apartarse
un poco del guión (el discurso gana en frescura).
Se le pueden ocurrir ideas nuevas,
acordarse de anécdotas curiosas, etc.
Puede tratar de conectar su discurso
con las ideas expuestas por otro orador que le haya precedido.
A veces las cosas no resultan tal
cómo estaban previstas y el orador tiene que ser capaz de
reaccionar con agilidad.
Hay situaciones que uno puede anticipar
y para las que debería ir ya preparado.
Preparando
material adicional por si en el último momento le comunican
que se amplía el tiempo de su intervención.
Identificando partes del discurso
que se podrían suprimir si, al contrario, acortan el tiempo
de su intervención.
Preparando anécdotas, ejemplos
alternativos, etc., por si algún orador anterior le "pisa"
aquellas que pensaba utilizar.
En el caso de que vaya a emplear
material visual de apoyo (transparencias, ordenador, etc.),
además de preparar el discurso contando con ellos, debería
ensayarlo también sin ningún tipo de apoyo, por si
llegado el momento el proyector no funciona, no hay disponible
un ordenador, etc.
En otras ocasiones, surgen imprevistos
que hay que solucionar sobre la marcha (un ataque de tos,
un hipo persistente, un vaso de agua que se derrama sobre las
notas, etc.).
El orador
debe reaccionar con naturalidad; el público es comprensivo
y se hace cargo de la situación.
Puede resultar muy útil recurrir
al sentido del humor para quitar importancia a lo sucedido.
Lo importante sobre todo es no
perder la calma y no alterarse (la crispación es contagiosa).
Puede ocurrir que durante la intervención
surja un imprevisto que obligue a interrumpirla momentáneamente
(el micrófono se estropea, salta una alarma, etc.).
El orador interrumpirá su exposición
hasta que las condiciones le permitan proseguir.
No debe continuar contra viento y
marea como si nada pasase, ya que llevaría a que la audiencia
se perdiese una parte del discurso (además, la imagen del orador
luchando contra los elementos resulta un tanto patética).
En estas situaciones el orador debe
reaccionar con naturalidad, interrumpiendo su exposición,
pero sin mostrar contrariedad.
Mientras la situación se mantenga,
tratará de llenar el tiempo con algunos comentarios,
quitándole importancia a lo sucedido, contando alguna anécdota
sobre alguna situación parecida que hubiera vivido, etc.
Si no lo hace
se irá llenado con los comentarios del público, con lo que
el orador iría perdiendo su papel de protagonista y con ello
la atención de la audiencia.
Si la situación se prolonga más
allá de lo razonable, lo adecuado es interrumpir el acto,
abandonando el estrado hasta que las circunstancias permitan
continuar.
Por último, si a uno le invitan a
hablar sin tener nada preparado puede salir del paso con
espontaneidad, dirigiendo unas breves palabras (saludar a
los presentes, dar las gracias por la oportunidad de dirigir unas
palabras, hacer un par de comentarios sobre el tema de la reunión
y volver a dar las gracias; el público no esperará nada más).

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