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Cuando uno habla en público, si se
limita a leer el discurso resultará muy aburrido (falta
de espontaneidad y de improvisación).
Es recomendable improvisar, aunque
en este caso se corre el riego de quedarse en blanco (situación
temida por cualquier orador).
Esto se puede evitar llevando fichas
de apoyo.
Por una parte se dispone de un guión
que recoge los puntos que uno quiere tratar, reduciendo al mínimo
la posibilidad de olvidos. Da seguridad al orador y le
ayuda a calmar los nervios.
Por otra parte, le permite desarrollar
el discurso sobre la marcha (improvisar). Esto le facilita
introducir nuevas ideas, resultar más espontáneo.
El uso de fichas de apoyo es especialmente
aconsejable en intervenciones de cierta duración (más de 30
minutos).
Confiar únicamente en la memoria
implica correr un riesgo excesivo (quedarse en blanco, perder
la línea argumental, olvidar tratar algunos de los puntos principales,
etc.).
En la preparación de las fichas de
apoyo conviene tener en cuenta:
Utilizar letra grande, clara,
que sea fácil de leer con un simple vistazo.
Deben ser muy escuetas, recogiendo
palabras claves, ideas básicas, etc, que sirvan de guía al orador.
Hay que evitar fichas muy recargadas que dificulten su rápida
consulta.
Se escribirán por una sola cara,
para no tener que darles la vuelta (resulta más discreto).
Es conveniente utilizar papel duro,
de tamaño cuartilla o menor, ya que son más fáciles de manejar
y se arrugan menos.
Las fichas se dispondrán de manera
ordenada e irán numeradas, para evitar que se puedan
desordenar y no sepa el orador cual es la que viene a continuación.
En los ensayos se deben utilizar
las fichas de apoyo que más adelante se van a emplear en la
intervención (permite familiarizarse con su uso).
No hay que esconder las fichas de
apoyo, fingiendo que no se utilizan.
El público entiende perfectamente
que es natural que el orador se sirva de un pequeño guión para
desarrollar su discurso.
Se irán pasando
discretamente y se irán amontonando
en un lateral (sin darles la vuelta).
Aunque se preparen fichas de apoyo para
la introducción y la conclusión, habría que tratar
de no tener que recurrir a ellas.
Son las dos partes más importantes
del discurso y es preferible desarrollarlas de memoria,
para poder poner todo el énfasis en su exposición (mirar una
nota, aunque sea un instante, resta espontaneidad).

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