|
Además del lenguaje verbal y corporal,
el orador también transmite una imagen
personal que será valorada positiva o negativamente
por el público.
Hay que tratar de proyectar una imagen
positiva.
Una imagen agradable, abierta
(aunque uno sea un tímido empedernido), atractiva, etc., es
valorada favorablemente por el público y ayuda a ganarse
su estima.
Una imagen descuidada, hosca,
antipática, pone al público en contra (aunque comparta
las ideas expuestas).
El orador debe vestir de forma apropiada
para la ocasión:
Si se trata de un acto formal, vestirá
con traje.
Si se trata de acto informal, podrá
vestir de manera cómoda, deportiva, etc.
Hay que tratar de no desentonar con
el público asistente.
Tan llamativo resulta vestir de manera
desenfadada en un acto formal, como ir de chaqueta y corbata
cuando el público viste de forma casual.
El orador tiene que informarse de
cómo debe ir vestido. En caso de duda es preferible adoptar
la opción más conservadora.
Una vez definido el estilo (formal o
casual), el orador tratará de vestir algo mejor que la media
del público asistente (no en balde es el protagonista).
Tiene que sentirse cómodo,
a gusto con su apariencia. Esto acrecienta su autoconfianza
y le permite luchar contra la inseguridad.
No obstante, debe evitar todo exceso
(no se trata de ir hecho un figurín). La imagen debe realzar
su figura, pero sin llegar a eclipsarla (el público tiene que
prestar atención al discurso y no distraerse con un atuendo
espectacular).
La imagen también debe estar
en consonancia con el mensaje que se quiere transmitir:
Si se trata de una reunión festiva,
por ejemplo, para celebrar los estupendos resultados del ejercicio,
el orador puede vestir con cierto exceso (aunque dentro de un
orden).
Si por el contrario, el director de
la compañía va a comunicar un recorte de plantilla debería vestir
de manera más sobria.
Detalles que uno cuida en su
vida ordinaria, deben recibir una especial atención cuando
se va a hablar en público:
Bien peinado, bien afeitado, dentadura
reluciente, zapatos limpios, los botones abrochados, corbata
bien colocada, etc.
Antes de subir al estrado es conveniente
realizar una última revisión, por si acaso (¿cremallera
del pantalón bajada?).
Hay que evitar cualquier detalle
que pueda afectar negativamente a la imagen.
Por ejemplo, si el orador es de baja
estatura debe cuidar que el atril que utilice sea el apropiado
(que no quede oculto detrás).
Si intervienen dos personas al mismo
tiempo con diferencias de estatura considerables, es conveniente
que se sitúen algo separado para evitar resaltar el contraste.

Lección anterior |

Próxima clase |
|