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Ya se ha comentado en una lección anterior
que además del lenguaje verbal, existe un lenguaje corporal
(movimientos, gestos, actitudes, etc.) del que muchas veces uno
no es consciente, ni sabe muy bien como funciona.
A través
de este lenguaje corporal, el orador transmite también mensajes:
nervios, timidez, seguridad, confianza, dominio, entusiasmo,
dudas, etc.
Desde el momento en el que uno accede
al escenario, el movimiento de las manos, la expresión de la cara,
la postura, los movimientos en el estrado, la mirada, etc. todo
ello está transmitiendo mensajes diversos.
El público
los capta con total nitidez.
A veces puede suceder que estos
mensajes sean contrarios a lo que el orador está tratando
de comunicar con el lenguaje verbal.
Por ejemplo,
el presidente de la compañía les está diciendo a sus empleados
que lo que más le preocupa es el bienestar de ellos, pero
en ningún momento se toma la molestia de mirarlos a la cara.
La mejor forma de percibir este lenguaje
corporal es grabándose en vídeo.
Muchos se sorprenderían:
tics nerviosos, manos inquietas que no paran de moverse, gesto
contrariado, mirada al techo, inmovilismo, etc.
Por tanto, dada la importancia que tiene
en la comunicación, es un aspecto que hay que trabajar convenientemente
en los ensayos.
Desde que uno sube al estrado debe ser
capaz de utilizar este lenguaje corporal en sentido positivo,
facilitando la conexión con el público, reforzando su imagen.
Hay que transmitir
serenidad y naturalidad, evitando gestos, actitudes
o movimientos que resulten afectados.
Hay que subir
al estrado con seguridad, con tranquilidad (las prisas
denotan nerviosismo e inseguridad).
Durante la intervención es conveniente
moverse por el escenario,
no quedarse inmóvil, pero controlando los movimientos, evitando
deambular sin ton ni son. La movilidad rompe la monotonía y
ayuda a captar la atención del público.
Si el discurso es leído no
cabe la posibilidad de movimiento, pero sí se debe mantener
una postura cómoda, erguida,
aunque natural, no forzada, sin aferrarse al atril (sensación
de inseguridad).
Si el orador está sentado tratará
de incorporarse a fin de
realzar su figura y no quedar perdido tras la mesa (para establecer
una comunicación con el público es fundamental el contacto visual).
Si es posible (por ejemplo en un aula)
es aconsejable moverse entre el público,
ayuda a romper las distancias, transmitiendo una imagen de cercanía.
Hay que tratar de superar
la timidez, transmite inseguridad y dificulta la
conexión con el público.
Los gestos
de la cara deben ser relajados: una sonrisa sirve
para ganarse al público, mientras que una expresión crispada
provoca rechazo.
El movimiento
de las manos debe estar ensayado. Tan mala impresión
producen unas manos que no paran de moverse, como unas manos
inmóviles.
Los movimientos
deben ser sobrios. Las manos se utilizarán para enfatizar
aquello que se está diciendo, de manera que voz y gestos actúen
coordinadamente, remarcando los puntos cruciales del discurso.
La propia situación del orador en
el escenario transmite también mensajes subliminales:
De pie, en el
centro del escenario: autoridad.
Sentado, en un lateral del escenario:
actitud más relajada, menos solemne.

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