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Hay que utilizar un lenguaje
apropiado para el público al que uno se dirige, ya
que lo primero que uno debe procurar es ser entendido. De ahí
la importancia de tener una cierta idea del tipo de público que
se espera que asista al acto.
Por ello, no se deben utilizar
términos y expresiones que parte del público pueda no entender.
Unicamente se emplearán términos
técnicos si la audiencia conoce su significado.
Si se utilizan abreviaturas o acrónimos
hay que estar seguro de que el público sabe lo que significan,
si no habrá que explicarlos.
No se deben utilizar palabras extranjeras
salvo que no hubiera un equivalente en castellano, en cuyo
caso hay que saber pronunciarlas correctamente.
Hay que evitar a toda costa resultar
pedante (molesta al público).
El objetivo del discurso es ganarse
al público con las ideas, no tratar de asombrarlo con nuestro
vasto dominio del idioma. Hay que huir de un lenguaje rebuscado
o frases complicadas.
Hay que evitar emplear "coletillas"
que a veces se intercalan continuamente en la conversación sin
que uno sea consciente (ya ves, entiendes, me sigues, etc.).
El efecto que producen es terrible
(bastaría que uno se oyese en una grabación para darse cuenta
de esto).
La regla que debe presidir todo discurso
es la de la sencillez.
Mientras que en un texto escrito el
lector puede volver sobre un párrafo que no haya entendido,
en un discurso no existe tal posibilidad, por lo que hay
que facilitarle a la audiencia su comprensión.
El lenguaje debe ser preciso y
directo, con frases sencillas y cortas, utilizando
tiempos verbales simples.
En definitiva, el
público aprecia la sencillez y aborrece la pedantería.

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