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Toda intervención pública exige
una preparación adecuada, no se puede dejar nada al azar.
La diferencia puede ser entre un discurso
discreto y un gran discurso.
La regla
fundamental es ensayar, ensayar y ensayar.
Ensayar con seriedad permite
llegar a dominar la actuación que se va a realizar, lo que contribuye
a aumentar la autoconfianza y a reducir la tensión típica de los
días previos a la intervención.
Ensayar no significa simplemente repasar
mentalmente el texto dos horas antes de la intervención.
Ensayar implica:
Leer el discurso
en voz alta, cuantas veces sean necesarias, hasta
llegar a familiarizarse con él.
Exponer el
discurso, recreando en todo lo posible las condiciones
en las que se va a desarrollar la intervención (de memoria,
con apoyo de notas, utilizando pizarra, con proyección de transparencia,
con micrófono...).
Practicar
la voz, los silencios, las miradas, los movimientos, las manos,
los gestos de la cara, etc.
Ser capaz de mostrar serenidad,
transmitir entusiasmo, saber
enfatizar, mostrarse convincente,
etc.
En definitiva, se ensaya no sólo
para dominar el texto (evitar poder quedarse con la mente
en blanco), sino con vista a sacarle todo su jugo, de conseguir
conectar con el público, de motivarlo, de entusiasmarlo, etc.
Hay que ensayar incluso aunque se
pretenda improvisar el discurso.
Tan sólo el dominio del mismo permitirá
realizar una buena improvisación.
Resulta muy útil grabarse en video
y analizar con sentido crítico la actuación:
Permite detectar fallos y poder corregirlos.
También resulta interesante ensayar
con público:
Convencer a algún familiar o amigo
para que esté presente en algún ensayo y que realice un análisis
crítico, señalando aquello que haya ido bien y aquello otro
que necesite ser mejorado.
Se debería realizar un último ensayo
(el ensayo general) en el lugar en el que se va a celebrar
el acto, y si es posible con participación del equipo técnico
de luz y sonido.
El objetivo es familiarizarse con
el entorno y coordinar todos los aspectos de la intervención.
Se ensayará hasta el día anterior
al acto.
El día de la actuación es preferible
descansar, ya que un ensayo de última hora, sin tiempo para
corregir fallos, tan sólo sirve para aumentar el estado de nerviosismo.

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