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La introducción es una parte
fundamental del discurso.
Al iniciar la intervención el orador
se "juega" el conseguir o no la atención del público.
Si la introducción
resulta interesante, atractiva, novedosa, sugerente, y si
el orador parece preparado, agradable, entusiasta, entretenido,
es posible captar la atención del público, y una vez que se
ha conseguido es más fácil mantenerla a lo largo de todo el
discurso.
Si por el contrario, el orador
no consigue en la introducción "enganchar" al público, a medida
que avance el discurso le va a resultar cada vez más difícil
lograrlo (si el público no ha prestado atención al principio,
es muy complicado que luego pueda captar la línea argumental,
aunque lo intente).
Si la introducción
suena a rollo, la voz resulta monótona, no se oye bien, no
queda claro de que se va a hablar, la imagen del orador resulta
indiferente, etc., es muy fácil que la mente del público empiece
a viajar en diferentes direcciones.
Hay mil cosas en las que el público
puede entretenerse (este orador se parece a mi vecino;
que mal le queda el traje, que corbata más rara, como sesea,
que calor hace aquí, ya está el de delante estornudando, etc,
etc).
La presentación tiene que ser breve,
se trata simplemente de introducir el tema que se va a
tratar; ya habrá tiempo más adelante para desarrollarlo.
En la introducción tiene que quedar
muy claro el asunto que se va a abordar y la opinión del
orador sobre el mismo.
Si el discurso va a ser extenso,
en la introducción se debe presentar un pequeño guión indicando
los distintas partes de la exposición.
La introducción se tiene que
preparar a conciencia.
Hay que ser capaz de exponerla
sin recurrir a fichas de apoyo (aunque se lleven preparadas)
ya que gana en espontaneidad.
Además, es al comienzo de la intervención
cuando los nervios están más a flor de piel, por lo que
una buena preparación ayuda también a dominarlos.
La introducción debe empezar
con entusiasmo, con energía. Marca la línea que
debe seguir el resto de la intervención.
Por último, indicar que la introducción
debe comenzar con un saludo a los asistentes, agradeciéndoles
su presencia; también se dará las gracias a los organizadores
del acto por la invitación.
Si alguien ha intervenido antes se
le dedicarán unas palabras de reconocimiento (aunque haya
sido un auténtico petardo).

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