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Una vez que se han seleccionado aquellos (pocos)
mercados objetivos hay que tratar de conocerlos en profundidad.
Entre otros muchos aspectos habrá que anañizar:
Los productos que se están comercializando
y con los que se va a competir (ver sus puntos fuertes y débiles
en comparación con el nuestro).
Posibles adaptaciones que habría
que realizar en nuestro producto para poder comercializarlo
con cierta garantía de éxito en este nuevo mercado
(bien ajustándolo al gusto de los consumidores, bien
ante la necesidad de cumplir las normativas locales).
Estas adaptaciones pueden afectar:
al envase, a la presentación, a la etiqueta, al tamaño,
a las capacidades, a la calidad, etc.
Formación de los precios:
cuales son los margenes que se llevan los distintos intermediarios
(mayorista, distribuidor, comerciante, etc) y que van a determinar
el precio final del producto.
Rango de precio: ver en que segmento
de precios se viene moviendo nuestros futuros competidores.
Análisis de la competencia,
tanto de las empresas locales (número, fortaleza, cuota
de mercado, organizaciones patronales, etc.), como de las extranjeras
(forma de implantación, cuota de mercado, segmentos del
mercado cubierto, técnicas de marketing, etc.)
Análisis de los potenciales consumidores:
motivaciones de compra, ritmo, hábito, segmentación,
fidelidad al producto, etc.
Canales de distribución:
censo de mayoristas y detallistas, grado de desarrollo y eficiencia
del aparato distributivo, principales empresas importadoras
y distribuidoras, etc.
Usos comerciales: calendario (época
de ofertas, de compras, de entregas), forma de pago (plazo,
descuento por pronto pago, medios de pagos empleados, tasa de
impagados, etc.); idioma de trabajo, servicios que ofrecen las
entidades financieras.
El comienzo de la actividad exportadora exige a
la empresa adaptar su estructura a las nuevas circunstancias.
No es lo mismo para una empresa operar exclusivamente en su
mercado local, que comenzar a diversificar sus ventas, abarcando
distintos mercados, cada uno de ellos con su particular problemática.
Existen distintos modelos organizativos, sin que
se pueda calificar a uno superior al resto; el mejor modelo para
cada empresa va a depender de su estilo directivo y del volumen
y diversificación de su negocio. Básicamente se
podría hablar de 3 grandes esquemas organizativos:
Por funciones (Comercial, Producción,
Finanza, Investigación y Desarrollo, etc), ideal para
empresas con un número limitado de productos, que actúan
con una dirección centralizada y con una sola fuerza
de venta.
Por líneas de productos (Producto
A, Producto B, Producto C, etc),
ideal para empresas con una gama extensa de productos
y con distinto tratamiento de marketing (product-manager).
Por mercados geográficos
(Mercado A, Mercado B, Mercado C, etc.),
típico de empresas que cuentan con importantes
grupos de clientes con necesidades muy diferenciadas y que exigen
atención individualizada.
El esquema organizativo puede ir evolucionando
a medida que la actividad exportadora vaya ganando dimensión.
En esta actividad exportadora, la empresa puede
adoptar dos enfoques de marketing:
Marketing mix a medida para cada mercado.
Ello implica que para cada mercado se
toman decisiones independientes sobre producto,
precio, comunicación, distribución, equipo comercial,
etc.
Marketing mix normalizado, común
para todos los mercados.
La empresa también tiene que decidir sobre
la forma de implantación que va a adoptar en estos
nuevos mercados. Básicamente éstas pueden ser:
Directa: la empresa establece
un canal exclusivo para ella, bien mediante red propia, filial
comercial, representante asalariado, agentes a comisión,
etc.
Esta opción le permite controlar directamente su canal
y tener información de primera fuente sobre el mercado.
Como aspecto negativo la empresa tiene que correr con la totalidad
de los gastos.
Compartida: la empresa comparte
con otra entidad el canal de distribución, bien mediante
JV comercial, consorcio de empresas para exportar, etc.
La empresa comparte también los gastos del mismo, pero
pierde poder de decisión.
Subcontratada: la empresa subcontrata
su distribución a un tercero, lo que resulta normalmente
en la opción de menor coste.
No obstante, su poder de decisión prácticamente
desparece, lo mismo que su contacto con la clientela. Además,
si el distribuidor subcontratado rompe con la empresa, ésta
se puede ver de un día para otro fuera del mercado.
El canal de disitribución puede
ir cambiando a medida que la implantación de la
empresa en el nuevo mercado se va consolidando. Puede comenzar
con un canal subcontratado y terminar con una red propia, si
el volumen de negocio lo justifica.

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