Las Tareas Domiciliarias y el Trabajo Grupal.

Es interesante comenzar este comentario con la opinión del citado maestro uruguayo Alfredo Gadino:

“...Cuando tengo un ratito libre y miro los cuadernos de mi hijo, pienso en cuánto ha cambiado lo que se aprende en la escuela: a nosotros nos enseñaban los números, las letras, las tablas, los quebrados, los límites del Uruguay... ahora hablan de conjunto vacío, paisaje humanizado, ecosistemas...

Si me quedo con él cuando hace los deberes y lo veo tropezar, quiero ayudarle, pero entre lo que me olvidé y lo que a mí me enseñaron de una manera distinta, yo mismo no sé por dónde empezar.

“No te puedo ayudar”, digo. Y eso es el comienzo de un bloqueo, algo así como un muro de separación que empieza a levantarse. Bloqueo para mí, que pienso que lo que sé es distinto, de “antes”, y no siento la necesidad de aprender eso nuevo; pero bloqueo también entre mi hijo y yo, porque creemos que en los temas de conocimientos no nos vamos a entender. “De la inteligencia que se ocupen los maestros”, resolvemos.”. (9)

Las tareas domiciliarias, los deberes, siempre han sido un problema a resolver por parte de las familias, especialmente cuando los escolares no tienen la constancia y la responsabilidad de su realización, ya sea por motivos de edad, o por características personales.

Cualquiera sea el tipo de tarea domiciliaria que se deba realizar, es importante inculcar en los escolares la confianza en sí mismos y la responsabilidad para la realización individual del trabajo.

Es importante también reconocer los esfuerzos del niño o la niña, tanto como los aciertos. Una buena norma es no basar la apreciación de una tarea escolar en sus resultados. Lo que más importa observar y destacar es el empeño y la seriedad con que se desarrolla la labor.

Conviene que los familiares que ayudan o apoyan en la realización de tareas domiciliarias, tengan en cuenta que para el logro de una mejor calidad, hay una diferencia sutil entre decirle a un escolar: “esto está mal hecho”, y decirle: “este trabajo podría mejorarse bastante”. El mensaje que recibe es el mismo, pero en el último caso se critica el rendimiento y no a quien realizó la tarea.

Algunos integrantes de la familia son capaces de hacer cualquier cosa en beneficio de los chicos, y lo hacen con sacrificada abnegación, pero cuando un maestro les pide que  en determinados temas no intervengan, que no hagan nada y que no digan nada, se sienten tan desconcertados que les resulta un esfuerzo superior a cualquier otra cosa que se les pida, porque creen que entonces no sirven para nada. 

Hay muchos padres y madres a los cuales les resulta muy difícil aceptar la no intervención en ciertos temas.

Los escolares traen ideas claras sobre la tarea que tienen que hacer en casa, aunque esa claridad no tenga relación con la lógica. Un niño difícilmente cambiará de opinión sobre algo que está convencido que dijo el docente. Afirmará, por ejemplo, que “2 + 2= 10”, y nada que se le diga en la casa lo hará cambiar de opinión, porque “así lo dijo la maestra”.

No merece la pena insistir, ya se trate de instrucciones mal registradas, textos mal copiados, operaciones mal planteadas, etc., lo más conveniente en estos casos es esperar que ellos mismos se den cuenta de su error, en el propio ambiente escolar.

También es muy importante que los familiares no adelanten conocimientos o temas. Hay familias que, con el sincero afán de ayudar, intervienen en el proceso educativo de los escolares, utilizando estrategias didácticas diferentes a las que empleó o emplea el docente en el aula, o enseñando temas que aún no fueron presentados en clase. Esto provoca desorientación en el niño o la niña y puede llegar a ocasionar una reacción negativa hacia ese tema en cuestión.

Es aconsejable apoyar lo que se va dando en clase, sin adelantarse, aunque sí ampliando o reforzando conocimientos.

Cuando el escolar, ante una tarea domiciliaria, no sabe cómo realizar la labor o tiene muchas dudas, lo más aconsejable es dejar que el mismo niño o la niña se responsabilicen sobre el tema y averigüen, en el ámbito escolar, cómo solucionar el problema. Presentarse ante el docente al día siguiente y decirle que no sabe, no entendió, o tiene muchas dudas sobre un tema, es una de las tantas maneras de desarrollar su propia personalidad.

EL TRABAJO GRUPAL

Esta actividad implica autoaprendizaje e inter-relación con compañeros y compañeras en colaboración con el docente. El trabajo grupal o proyecto, presenta, por lo tanto, varias ventajas, porque:

  • hay motivación ya que se vive el desarrollo y, especialmente, el producto final,
  • hay compromiso con la tarea y con el resto de los integrantes del          proyecto,
  • se aprende a organizar las partes del trabajo para el logro final,
  • se aprende a expresar oralmente y en público lo que se preparó, en el caso de su presentación frente a la clase.

La finalidad de esta actividad es la elaboración de un trabajo que se puede preparar individualmente, en pares o en grupos. El rol del docente, que actúa como asesor, adquiere gran importancia porque se realiza en un contexto real de comunicación, propiciando la creatividad y ayudando al desarrollo personal de cada integrante del grupo.

¿Cuál es el rol de la madre, el padre o cualquier persona relacionada con el niño o la niña en el hogar, ante esta tarea asignada por el docente?

En primer lugar, los escolares que se reúnen en una casa para realizar un proyecto (en un número ideal de dos o tres, y no mayor de cuatro), ya deberían tener muy claro lo que deben hacer y qué tipo de material informativo tienen que conseguir.

En el caso de búsqueda de información adicional, ésta deberá ser en el idioma en el que irá redactado el trabajo y buscada por los propios integrantes del grupo o con la guía de un adulto. Se debe evitar que un adulto consiga información y la aporte al proyecto, sin que los involucrados tengan idea de lo que incluye esa información.

Cuando un adulto interviene como guía en alguna etapa del trabajo, conviene que lo haga aportando sus conocimientos y “sentido común”, para la presentación, elaboración, etc., pero siempre “dejando hacer” a los niños y niñas, y nunca “haciendo por ellos”.

 El escolar debe vivir el esfuerzo de la realización para, después, enorgullecerse por ello. Los maestros detectan inmediatamente la diferencia entre la labor personal o grupal infantil y la intervención adulta que incluye redacción, material, texto y formato de presentación que un niño, una niña, o ese niño en particular,  nunca hubiera sido capaz de realizar.

Lo más aconsejable ante la duda familiar sobre cómo ayudar sin intervenir demasiado, es tener en cuenta la edad y el nivel de conocimiento que tenga la audiencia o el grupo escolar, para evitar que el trabajo resulte demasiado en desacuerdo con el nivel real del escolar y de sus posibilidades.

Un aspecto muy importante desde el punto de vista de la elaboración y la estructura del trabajo grupal o de un proyecto, especialmente a partir de 5º año escolar, y posteriormente en Secundaria, es que los escolares deberían acostumbrarse a incorporar en sus trabajos una justificación razonada de por qué han seleccionado unos documentos o fuentes informativas y no otras. Similarmente, cuando se tratan aspectos históricos, resulta altamente significativa la interpretación  de, por ejemplo, cómo vieron la Batalla de XXX  los partidarios de un bando y de otro.

Aunque el estudio es responsabilidad final del escolar, la familia puede ayudar a proporcionar el ambiente y motivación necesarios para lograr ese fin. Lo primero que se debe tener en cuenta es que la ocupación principal de su hijo/a es la escuela, por lo tanto, se debe organizar toda su actividad en base a esta consideración:

  • tener una actitud positiva y no de constante crítica hacia sus tareas,
  • estar disponible el mayor tiempo posible,
  • mostrar un interés razonable por los gustos, intereses y preocupación del niño o la niña,
  • proporcionar el espacio y materiales para el estudio o realización de tareas,
  • tener una actitud firme y justa,
  • tener coherencia y consistencia en lo que se estipula a nivel familiar (en particular si hay más de una persona que da las consignas),
  • y especialmente, tener expectativas razonables en cuanto a sus logros.
  • que la escuela sea un desafío que pueda enfrentar, y no algo que lo desmotive o le resulte un peso imposible de sobrellevar.
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Conoce al autor

Hugo Valanzano Falero

Docente universitario. Licenciado en Biblioteconomía. Docente de Inglés Técnico. Postgrado en docencia universitaria.

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