El Festejo de Cumpleaños

Cuando se acerca el día del cumpleaños, las familias tratan de homenajear a los niños y niñas de acuerdo a sus posibilidades económicas  y organizan la correspondiente fiesta de cumpleaños.

Se han popularizado los lugares especialmente preparados para la celebración de cumpleaños que se alquilan a las familias interesadas con todos los elementos de entretenimientos instalados dentro y fuera del local. Esta tendencia surge porque la mayoría de las familias ya no disponen en sus hogares de espacios para recibir a muchos niños y adultos y, además, porque tanto niños como niñas presentan unas características de comportamiento social diferentes a las de generaciones anteriores.

Las familias no quieren lamentar destrozos en sus hogares y prefieren pagar por un servicio que incluye personal a cargo de los invitados.

En primer lugar, presentaremos las consideraciones previas que conviene tener en cuenta por parte de la familia que invita. En segundo lugar, las consideraciones por parte de la familia invitada.

A.  LA FAMILIA QUE INVITA

Es muy importante tener los siguientes puntos muy presentes con respecto a la organización de cumpleaños con compañeros y compañeras de clase:

1. Edad de los invitados. Generalmente se inicia este tipo de eventos sociales a la edad de dos años, cuando en los Jardines de Infantes los niños comienzan a tener noción de la celebración de un cumpleaños compartido con el resto del grupo. La edad de los niños y niñas que asistirán será la base para la organización de actividades, selección de comidas y refrescos, compra de sorpresas y decoraciones, etc.

2. Cuando se hace la reunión en una casa particular, porque el espacio lo permite o por cualquier otra razón, tiene que preverse el entretenimiento necesario para evitar el desborde de los invitados.

Conviene recordar que los magos, payasos y espectáculos similares pueden resultar amenos para audiencias de 3 a 5 años. Antes de esa edad, no comprenden el espectáculo y pueden asustarse de las personas disfrazadas para tal fin.

Después de esas edades les resulta sin gracia y pueden boicotear el espectáculo de un mago, por ejemplo, adelantándose, con opiniones fuera de lugar, a lo que el profesional pueda hacer o riéndose de los trucos presentados, por considerarlos muy infantiles.

Es conveniente, entonces, asesorarse sobre el nivel del espectáculo que ofrecerán las personas contratadas, y a qué edades está dirigido, para que no resulte, o muy infantil o demasiado sofisticado para la audiencia.

3. Los niños de 2 y 3 años pueden no tener experiencia en quedarse solos en una fiesta, rodeados de sus compañeros de clase y una multitud de personas desconocidas, por lo que hay que prever que, para ellos, la única forma aceptada para permanecer en el lugar, es si el familiar o persona allegada que los llevó a la fiesta se queda con ellos.

Conviene organizar un rincón confortable para estos adultos que acompañan a los niños de corta edad, para que estén juntos, ya que tienen algo en común: sus niños y niñas van a la misma institución de enseñanza y no conocen al resto de los presentes en la fiesta. Al organizarles un rincón aparte no se sentirán tan “fuera de lugar” como con el resto de los invitados.

4. Para edades a partir de los 6 años conviene invertir en la contratación de una persona con experiencia en organizar diferentes actividades recreativas. Son edades en las cuales aceptan reglas de juego y pasan muy bien si son guiados apropiadamente. Estas personas conocen las características de cada edad y saben hacerlos pasar un buen rato, disfrutando diversidad de entretenimientos en actividades mixtas o para cada sexo.

5. Si la decisión familiar es contratar un lugar para el festejo de cumpleaños, es muy importante considerar la edad de quienes se invita.

Las casas para fiestas presentan juegos de diversos tipos que, generalmente, toman en cuenta edades a partir de los 3 o 4 años. A los niños de 1 y 2 años les resulta muy difícil y peligroso utilizar los juegos que normalmente se ofrecen, especialmente si los comparten con niños de mayor edad.

Un juego inflable por ejemplo, no es el lugar adecuado para que estén juntos grupos de niños muy pequeños con más grandes, porque los primeros suelen salir perdiendo. En estos casos conviene organizar actividades por edades para que todos pasen bien.

Recordar también que hay juegos inflables o similares que no resultan atractivos para niños de más de 7 años. Para estas edades (7 en adelante), se suelen alquilar locales para tal fin, o en el caso de grupos de varones: canchas de fútbol infantil.

Debido a la mala conducta que suelen manifestar algunos niños o niñas en estos festejos de cumpleaños, muchas familias optan por seleccionar a quienes van a invitar, descartando la presencia de los que sistemáticamente distorsionan el comportamiento del grupo en un cumpleaños.

También se suele invitar por sexos, de acuerdo a lo que se haya preparado para el festejo. Si cumple un varón, se invita a los varones de la clase a una cancha de fútbol, por ejemplo. Y si cumple una niña, se invita solamente a sus compañeras de clase, especialmente si se festeja en un domicilio particular. En ambos casos, tanto niñas como varones pueden invitarse por sexo o mixto para asistir a la proyección de una película.

6. Las casas alquiladas para fiestas suelen tener personal contratado para el control de los invitados. Conviene avisar si habrá diferentes edades entre los asistentes para planificar actividades y lugares acordes para cada edad.

7. Al igual que en las casas particulares, hay que prever que habrá madres, padres, tíos, etc. que acompañen a los más chicos y, por diferentes razones, deberán quedarse con los invitados. No es de buen gusto tener a estas personas sin asiento o sin atención de ningún tipo, mientras esperan a quienes llevaron a la fiesta. Lo más indicado es prever un lugar específico para estas personas, para que los niños y niñas que llevaron sepan dónde encontrarlos.

8. Las familias que contratan casas para fiestas suelen considerar que hay que despreocuparse de todo porque “para eso pagan el servicio y el personal a cargo”.

Esto no es tan así y conviene que los responsables de la fiesta ante las familias de los compañeros de clase (la familia que invita y ¡nadie más!) controlen periódicamente la situación, circulando por las instalaciones y asegurándose que está todo en orden y, además, teniendo a mano los teléfonos de los niños y niñas que están solos.

Si no se procede así, podría pasar que:

  • el personal contratado para entretener a los invitados, no se dé cuenta que uno o más salieron del grupo y se fueron a otro lugar, incluyendo la calle,
  • las madres, padres, etc, que acompañan a los más chicos, y que deben quedarse porque de lo contrario los niños no aceptan permanecer solos en la fiesta, pueden estar desatendidos, sin saber qué hacer, en un ambiente donde no conocen a nadie y deben estar, como mínimo, durante una hora,
  • niños de mayor edad, y con más dominio de su cuerpo, choquen, pisen o empujen a los más pequeños, sin que nadie haga nada por solucionar la situación que, inevitablemente, pondrá de mal humor a los familiares de los que sufren las embestidas,
  • un niño o niña que esté solo/a pueda querer irse a su casa porque se siente enfermo o por otras razones, y no se sepa cómo contactar a sus familiares. 

9. Es muy importante considerar qué comidas y bebidas se servirán durante la fiesta. Hay una tendencia generalizada a pensar en una variada gama de comestibles, que incluyen, a veces, finos trabajos de repostería, para finalmente descubrir que la aceptación por parte de los invitados resultó un fracaso.

Muchas familias organizan las comidas en base a lo que recuerdan de sus propias fiestas infantiles, o teniendo en cuenta los gustos de los familiares y amigos adultos que concurrirán al cumpleaños.

Si bien los adultos aceptan la tradicional variedad de exquisiteces de confitería que se sirven en estos eventos sociales, es muy importante asesorarse sobre qué tipo de comidas y bebidas prefieren los niños y niñas, en una fiesta infantil.

Al depender de las edades, lo mejor es conversar este tema con docentes, otras familias, etc., y no caer en el error de malgastar esfuerzo y dinero en la preparación o compra de algo que no va a ser aceptado (y sí, criticado y rechazado) por los asistentes infantiles.

10. Cuando se acerca la fecha del cumpleaños,  generalmente se envían las invitaciones a la institución de enseñanza y se suele recurrir a los servicios del docente para la entrega. Conviene tener presente que si las invitaciones son para todos los compañeros y compañeras de clase, el docente seguramente se prestará a su entrega, pero si no todos están invitados, no se debe comprometer al docente a entregar las invitaciones, para evitar que tenga que responder a preguntas incómodas por parte de los no invitados. En este último caso, lo más adecuado es:

  • si el niño o niña es de corta edad, que uno de los padres o persona allegada, entregue las invitaciones a los familiares de los invitados, a la entrada o la salida de la institución.
  • si el niño o niña tiene edad suficiente (6 años o más), que él o ella se encarguen de la entrega de las tarjetas a quienes se decida invitar, durante la jornada escolar.

Hay instituciones escolares que permiten el festejo de cumpleaños en el salón de clase, especialmente en edades pre-escolares. La familia lleva los elementos tradicionales para el festejo (comestibles, refrescos, sorpresas, globos, etc.) y el salón se decora para ese día.

Desde el punto de vista de la organización y la comodidad para la familia del que cumple años es lo más adecuado, porque quien celebra el cumpleaños está con sus compañeros/as y aceptando las reglas del docente a cargo para compartir las bebidas, comestibles, etc.

Después salen al patio a disfrutar de algún juego preparado para tal fin y, finalmente, se van de la institución con sus globos y sorpresas habiendo pasado un día especial., tanto quien es homenajeado como sus compañeros.

Desde el punto de vista de las familias del resto del grupo, resulta más cómodo porque evitan el tener que llevar a sus hijos/as a un lugar específico, en otro horario y, a veces, a pesar del mal tiempo, dejarlos allí (o quedarse ellos también) y volver más tarde otra vez, para retirarlos.

Si bien esto puede resultar ideal para muchas personas, conviene recordar que su aplicación es recomendada hasta los 5 años. Con la entrada en Primaria las cosas  comienzan a considerarse de otra manera y esta práctica se abandona y se sustituye por la invitación a las casas particulares o a lugares apropiados para tal fin.

 

B. LA FAMILIA INVITADA

Cuando una familia recibe la invitación para un cumpleaños de un compañero o compañera de clase, se inicia el correspondiente mecanismo para la compra del “regalo” y la decisión de la vestimenta adecuada para el evento.

Si bien ambas cosas varían con respecto al estrato social y la edad de los escolares, siempre hay dos compromisos implícitos: a) se debe llevar un regalo y, b) en lo posible, el niño o la niña tendrá que vestir alguna prenda diferente a la que normalmente usa en la institución o usó en algún cumpleaños anterior.

Las diferentes edades normalmente marcan distintas actitudes en la familia.            En cumpleaños de edades comprendidas entre 2 y 5 años, por ejemplo, no existe preocupación por conocer los gustos de quien cumple años. Simplemente se sabe que es una niña o un varón y con ese único dato las familias resuelven rápidamente la compra de un obsequio, entre la variedad inmensa de posibilidades en calidad y precio que se ofrecen.

Tal vez un conocimiento o compromiso mayor con la familia de cierto compañero de clase motivará la adquisición de un regalo más costoso o de mejor calidad.

En todos los casos conviene incluir una tarjeta con el nombre de quien regala, para evitar la desinformación que surge cuando, al final de la fiesta, no se sabe quién regaló qué.

A partir de los 6 años, los homenajeados saben muy bien lo que quieren y tienen sus gustos particulares muy diferenciados en materia de regalos de cumpleaños, por lo que la compra del obsequio no es tan sencilla como antes.

Se suele averiguar sobre los gustos y preferencias, antes de la compra, porque un error en esta etapa implica una doble consecuencia: o el portador del regalo puede ser objeto de críticas, abiertas o solapadas, por parte de sus propios compañeros, o el que cumple años puede opinar negativamente, a veces frente a una multitud, sobre la calidad del regalo recibido, con la consiguiente humillación pública de quien lo entrega.

Los niños y niñas suelen ser muy crueles en estas instancias y los que sufren las consecuencias de esta vergüenza no lo olvidan fácilmente y adoptan medidas de presión familiar, para que no vuelva a ocurrir otra vez.

Estas medidas de presión se basan, por supuesto, en la exigencia de que nunca más regalarán “porquerías”, “porque todos se ríen de mí”.

De forma similar, el tema de la vestimenta, especialmente en las niñas, tiene puntos de coincidencia con los regalos.

Un vestido, un traje, un pantalón, una prenda que no esté aprobada por el “tribunal grupal” debido a su color, modelo o marca comercial, será objeto de crítica y burla despiadada, pública o privada, y motivará la íntima promesa de quien la sufre de no volver a pasar por tal bochornosa situación.

Todos estos temas no se terminan con el festejo del cumpleaños, sino que son tratados convenientemente en el salón de clase y en los recreos en los días siguientes, donde se forman rondas de conversaciones que informan al detalle de todo lo ocurrido.

Esto es muy común a partir de los 8 o 9 años y mucho más común entre las niñas,  y cada uno va amoldándose a estas intrigas de instituciones educativas, como también se adaptarán a tantos otros temas de índole social. La ayuda familiar, a través del consejo, los puntos de vista diferentes, los valores humanos, etc., resultan muy necesarios en estos casos.

La familia invitada tiene que considerar, en todo momento, que hay siempre una preocupación por parte de los organizadores de una fiesta para que nada falle, muchas  veces en base a un enorme esfuerzo económico, por lo que es importante que su actitud sea de respaldo para todos los integrantes de la familia que invita, especialmente para quien cumple años.

En el primer día de clase posterior al cumpleaños se escuchan los ecos del festejo en la institución escolar. La simple pregunta de un docente sobre cómo estuvo la fiesta, desata los más variados y sinceros comentarios por parte de los invitados.

Los escolares tienen una preferencia especial hacia el tratamiento de temas relacionados con la mala conducta de algunos compañeros y, por lo tanto, es lo primero que surge en la explicación al docente de “cómo estuvo la fiesta”.

Los docentes y cualquier otro miembro de la institución escolar se enteran con detalles de lo ocurrido y, específicamente, los nombres de los que incurrieron en actitudes consideradas fuera de lugar. 

Destrozos de objetos, empujones y violencia hacia los invitados, lanzamiento de comestibles o juegos utilizando los mismos, falta de respeto hacia los adultos que asisten a la fiesta, incorrección verbal, etc., son las típicas acusaciones que se notifican inmediatamente a los docentes.

Muy poco puede hacer la institución escolar ante estas informaciones y, en la mayoría de los casos, no se hace nada. Cada institución tiene su propia forma de considerar estos temas y la intervención o la no intervención queda en manos de su política institucional.

Lo que sí puede asegurarse es que la intervención institucional es inversamente proporcional al tamaño de la institución, es decir, cuanto más grande es, cuanto más alumnos/as tiene, la intervención queda relegada, como mucho, a un comentario en clase por parte del docente.

Las instituciones con menor número de alumnos/as aún consideran como propia la responsabilidad de intervenir e improvisan charlas, mesas redondas, asambleas, etc., con los escolares, antes y/o después de un cumpleaños o salida grupal, para discutir los aspectos del comportamiento colectivo fuera de la institución.

Desde el punto de vista familiar es común apreciar que la familia que organizó la fiesta queda escarmentada y marcada cuando ocurren incidentes, especialmente si estos tuvieron consecuencias penosas, por los destrozos o por la molestia causada a los chicos y adultos asistentes.

La lógica consecuencia de una experiencia así es replantearse la organización para años siguientes y señalar como “persona o personas no gratas” a los fastidiosos causantes de los inconvenientes.

No es de extrañar que se adopte una actitud así cuando se llega a pensar que todo el esfuerzo económico y de planificación quedó en un plano sin importancia ante los incidentes de mal comportamiento de un grupo de asistentes.

A esto se agrega, además, el comentario alegórico e inconfundible de algún abuelo, tío o familiar asistente que exclama: “¡¿ esto les enseñan en la escuela?!”

Este juicio, desmedido y falto de todo fundamento, es el típico concepto que se escucha como redondeo adulto ante una situación de indisciplina y transgresión individual o grupal. Y, además de ser un juicio desacertado, atenta directamente contra la diaria labor del maestro que “gota a gota” va forjando la formación de cada escolar.

¿A quién se le puede ocurrir que un docente puede enseñar a ser violento, a desobedecer, a molestar y a transgredir cuanta norma social exista?

Los padres y madres deben tener muy en cuenta que un altísimo porcentaje de lo que el niño o la niña es, cómo es y cómo se porta en público, es producto del hogar y de su familia. El docente ya lo recibe con todas sus mañas y solamente puede moldearlo en algunos aspectos, porque en los intrínsecos, en los esenciales, el moldeo corre por cuenta de su propia familia.

Las familias deben considerar que el trabajo cotidiano de un maestro no tiene nada que ver con la actitud de indisciplina de “pandilla” que adoptan algunos escolares cuando están en grupo.

Y esto, con la edad puede agravarse como tantos lo viven con experiencias nefastas durante la adolescencia, tal y como pueden muy bien atestiguar los organizadores, asistentes, porteros, personal de seguridad, camareros, etc. de fiestas de cumpleaños de 15 años.

"¡¿Esto te enseñan en la escuela?!", y frases similares, es la salida fácil que culpa y hace responsable  a una persona en particular: la maestra o el maestro. Y es la más fácil porque cuando esas mismas personas son testigos de desmanes por parte de adolescentes en fiestas similares, no se les ocurre decir: “¿¡esto te enseñan en Secundaria?!”, y no lo dicen porque sería atacar indirectamente a trece o catorce docentes y la denuncia resultaría más impersonal, más diluida.

Se hace imprescindible tener muy claro que un grupo de niños o niñas que pertenecen a una institución escolar y que no actúan adecuadamente en casos particulares o de manera grupal, no están bajo el control de ningún miembro de esa institución y, por lo tanto, hay que desligar la responsabilidad que suele atribuírsele a la institución en todo momento. La conducta de un grupo o de un niño o niña en una fiesta de cumpleaños es responsabilidad de quien la organiza y planifica el entretenimiento para los asistentes.  

Las familias, así lo van entendiendo y, por esta razón, son cada vez más numerosos los casos de padres y madres que comprenden muy bien que hay niños y niñas con problemas graves de familia o personales y que se sienten tan presionados por esa situación que les cuesta adaptarse socialmente y su conducta está fuera de los límites socialmente aceptados.

Lo entienden, lo aceptan y hasta tratan de apoyar en lo que pueden con sus comentarios y acciones, pero, también es cierto que están en todo su derecho cuando dicen: “pobrecito/a, está sufriendo muchísimo con lo que le pasa o le pasó, pero a una fiesta que yo organice ¡no lo/a invito más!”.

En repetidas ocasiones las familias no pueden cumplir con este: “no lo/a invito más”, porque la insistencia de sus hijos/as o el compromiso con la familia de esos escolares conflictivos, hacen que se haga imposible esta medida. Sólo resta tomar las previsiones necesarias para que los asistentes estén entretenidos durante el horario de la fiesta, es la única solución para que su comportamiento siga los cauces normalmente admitidos en nuestra sociedad.

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Conoce al autor

Hugo Valanzano Falero

Docente universitario. Licenciado en Biblioteconomía. Docente de Inglés Técnico. Postgrado en docencia universitaria.

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