El Cuaderno de Clase.

El cuaderno escolar, con mayor o menor prolijidad en su presentación, con mayor o menor cantidad de información, según las edades, es el nexo entre la actividad socio-académica de la escuela y la familia.

Hay padres y madres que basan en el contenido del  cuaderno de clase, su opinión sobre si su hijo/a trabaja o trabajó bien o no, en la escuela.

Antiguamente, el cuaderno reflejaba todo lo que se hacía en el desarrollo de una o varias jornadas escolares. Actualmente no es así, debido principalmente a que puede haber días en que no se escribe nada ya que el trabajo se basó en la producción oral, especialmente en los grupos de escolares de menor edad, o en casos de  mayores que están discutiendo oralmente un tema y les lleva varias jornadas.

El cuaderno de clase no es un fiel reflejo de lo que el escolar es exactamente en su rendimiento. Hay chicos que trabajan muy bien en oral y sus cuadernos son muy poco ordenados, tal vez, debido a un problema de motricidad. Y, al revés, están los cuadernos muy bien presentados de alumnos/a que oralmente son muy pobres.

Algunas familias, al recibir el Boletín de Calificaciones y  ante una nota baja en matemáticas, por ejemplo, reclaman ante el docente porque en el cuaderno de clase todas las operaciones están bien. Los cuadernos pueden tener notas buenas o excelentes porque el trabajo se hizo con la guía docente o en tareas de pares o en grupos y se corrigió en clase. Esto puede no coincidir con la calificación individual que aparece en un boletín, simplemente porque el alumno o alumna no rindió de la misma forma cuando lo hizo de manera individual.

Además, el docente, basándose en su propia experiencia en el caso individual específico, puede considerar que una mala nota o una serie de malas notas en los ejercicios del cuaderno pueden afectar al escolar en su opinión sobre sí mismo. Es muy común que en el cuaderno de clase se utilicen notas por encima del nivel real como apoyo al esfuerzo y la autoestima.

La aclaración del rendimiento académico verdadero se realiza en una entrevista con los familiares, para que éstos entiendan la estrategia de “soporte afectivo” que se utilizó para lograr mejores resultados.

Otro punto de constante preocupación en los padres y madres es la ortografía. El aspecto ortográfico de la escritura era imprescindible en otras épocas escolares. Actualmente, no es que haya perdido importancia pero se le da mucha más a la coherencia en la expresión escrita, a la selección de las palabras adecuadas, al uso de sinónimos, a la claridad de la letra, etc.

Si la ortografía se convierte en una obsesión para la familia, es probable que el niño o la niña lleguen a creer que nunca serán capaces de escribir sin faltas, y se producirá un bloqueo en su expresión escrita.

Muchos padres y madres, recordando sus propias experiencias, aplican en sus puntos de vista y opiniones, lo que ya ha sido descartado en la enseñanza escolar.

Tradicionalmente el maestro presentaba la lección y comprobaba si los alumnos habían entendido los principales puntos, a través de preguntas orales y escritas. O fijaba ejercicios para hacer y luego se corregían. ¿Se sigue haciendo esto en la actualidad?

En primer lugar, siempre hay una exposición del tema por parte del docente, pero lo que hace la gran mayoría de los maestros es lo que siempre han hecho los mejores educadores: no “dan” la lección, sino que permiten que los escolares participen y sean parte de la discusión, a través de comentarios y preguntas. De esta forma se va “dando” el tema, aunque siempre teniendo en cuenta que no todas las opiniones son relevantes.

El docente va dando forma a la información presentada, para que resulte eficaz y beneficiosa para el punto que se presenta.  Y esta riqueza informativa que se logró en una actividad grupal, no siempre se refleja en un cuaderno de clase.

Este es el gran cambio que tiene la enseñanza en el nivel de Primaria con respecto a generaciones anteriores, aunque este método no sea precisamente novedoso porque Sócrates (500 años antes de Cristo) ya lo empleaba. Lo que sí es nuevo es que se utilice en la enseñanza Primaria.

En casos como las tablas de multiplicar, por ejemplo, lo tradicional era estudiarlas de memoria y comprobar que se sabían todas las combinaciones, ya que se decía que si no se sabían las tablas no se podía progresar en matemáticas. Actualmente, si bien se acepta que el escolar debe saber multiplicar, el encare es diferente.

Saber las tablas de memoria no es entender la multiplicación y, por lo tanto, el esfuerzo se dirige hacia el entendimiento de la relación entre los números, antes de la memorización.

Lo más recomendable es hablar con el docente para recibir la guía adecuada sobre cómo ayudar, realizando una tarea conjunta. Lo más desaconsejable es obligar a los niños y niñas a hacer repetitivos y aburridos ejercicios durante sus horas libres en el hogar.

Si bien la prolijidad, la claridad en el trazo y la presentación de trabajos escritos son hábitos constantemente trabajados en clase, y no está demás comprobar el grado de esmero que ponen los escolares en estas áreas, lo que la familia tienen que confirmar es si el niño o la niña puede trasladar a situaciones de la vida diaria, todo lo que va aprendiendo en la escuela, ya sea que este conocimiento esté reflejado en el cuaderno o no. 

Las diversas circunstancias de la vida real nos pueden dar una idea muy clara sobre la habilidad de transferencia de conocimientos y, a su vez, les permite a ellos demostrar su grado de destreza práctica.

Muy a menudo el escolar memoriza un hecho, una respuesta o una técnica mecánica para realizar algo, pero no entiende el concepto. Si se quiere constatar, por ejemplo, si un niño o una niña sabe restar, en lugar de presentarle esta operación en un papel (y que tal vez realice muy bien porque memorizó la forma de hacerlo), pídale que resuelva una situación real en la cual debe utilizar este concepto, con elementos para manipular. Esto sí le demostrará su verdadero nivel de entendimiento.

La pregunta clave para la educación infantil es: ¿aprendió el escolar algo que pueda usar de algún modo significativo fuera del aula?, o ¿cómo transfiere a la vida real lo que se le enseña en la escuela?

La habilidad del escolar para transferir lo que aprende a la vida real, seguramente, no va a estar reflejada en un cuaderno de clase.

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Conoce al autor

Hugo Valanzano Falero

Docente universitario. Licenciado en Biblioteconomía. Docente de Inglés Técnico. Postgrado en docencia universitaria.

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