Respiración

Respirar, solo respirar...

Vamos a comenzar con la primera meditación, para ello buscamos un lugar tranquilo, donde nadie nos pueda molestar durante unos cuantos minutos, apagamos los teléfonos, y cualquier otro sonido que pueda distraernos. Procuramos que en la habitación haya una iluminación tenue y si podemos encender una vela, también una varilla de incienso (con mucho cuidado que no exista peligro de que se pueda incendiar nada), nos ponemos en una postura cómoda, sentados o acostados, podemos poner una almohada baja, y también un cojín bajo las rodillas, si estamos tumbados. Los brazos se extienden junto al cuerpo, sin tensiones, relajados, las piernas relajadas, de una forma natural. Si estamos sentados será sobre una silla cómoda y dura, y donde podamos permanecer con la espalda recta, sin encorvarla, las manos sobre las piernas posadas con suavidad sobre ellas, sin ninguna tensión. Los pies bien apoyados en el suelo, a ser posible sin zapatos ni zapatillas, nos ponemos unos calcetines gruesos para no coger frío, o sobre una alfombra. Los pies deben permanecer paralelos, pero sin tensión y algo separados. La cabeza recta. Los ojos cerrados suavemente, sin apretarlos.

Vamos a comenzar poniéndonos cómodos, sentados o acostados, en un lugar tranquilo y a ser posible con luz tenue. Lo único que vamos a hacer es inspirar y expirar suavemente, y observar nuestra respiración. Si, solo eso, vamos a concentrarnos en nuestra respiración, en como el aire entra y sale por nuestra nariz. Vamos a inspirar y expirar sin hacer nada más. Pero poniendo atención a nuestra respiración solamente. No importa si se nos va el pensamiento a otras cosas, volvemos a centrarnos en nuestra respiración y continuamos con ello. Poco a poco vamos cerrando los ojos, y nos limitamos a inspirar y expirar. Al principio podemos ponernos un cronómetro y realizarlo durante cinco o diez minutos, e ir aumentando el tiempo cada día. Podemos realizarlo una o dos veces al día, si es posible por la mañana antes de levantarnos y por la noche al irnos a acostar, pero si esto no fuera posible se puede realizar en cualquier otro momento. Lo ideal sería realizarlo durante una semana, para irnos acostumbrando a ella y así también a aumentar nuestra capacidad de concentración, y hemos de ir aumentando el tiempo de duración cada día. Cada vez que lo hagamos vamos añadiendo unos minutos más.

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El sonido del agua ayuda a meditar.

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Conoce al autor

Liana Acero de la Cuesta

Trainer EFT, Formadora y terapeuta Reiki Usui, Experto hipnosis rápida, escritora y artista plástica.

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