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Psicología, adolescencia y familia: Las Relaciones Familiares en la Adolescencia. Primera Parte

La familia es el contexto donde solemos desarrollarnos. Nacemos y morimos en familia. Es un sistema muy importante en todo nuestro ciclo evolutivo. Ha ido evolucionando y variando sus necesidades. En ocasiones los cambios socioculturales complican las respuestas a los nuevos desafíos que surgen. Con respecto a la adolescencia decir que los medios de comunicación continuamente nos ofrecen una imagen muy negativa, y eso hace que aumenten los prejuicios y la preocupación. Cada vez nos convertimos en padres y madres con más edad y la diferencia de años con nuestros hijos e hijas también puede complicar las situaciones. Los jóvenes también se desarrollan a edades más tempranas y los comportamientos que generan preocupación en los progenitores se producen antes, lo cual no ayuda.

 

adolescente

 

En la actualidad encontramos una mayor diversidad familiar. Las investigaciones nos muestran que la estructura familiar no determina el bienestar de los menores sino la calidad de las relaciones. El modelo de familia ha ido evolucionando. Encontramos cada vez más familias no convencionales, como familias reconstituidas, monoparentales y homoparentales. Cada modelo de familia encuentra retos específicos, pero lo importante es mantener con nuestros adolescentes una buena relación. En todos los modelos de familia existe una función fundamental que es la protección, y los padres y madres pueden favorecer el desarrollo adolescente con una serie de activos que comentamos a continuación.

 

Durante la adolescencia existen cambios físicos, cognitivos y sociales, es una etapa de transición, los niños y niñas se convierten en preadultos. La familia es un sistema dinámico, las relaciones van variando, ahora necesitan un trato más simétrico e igualitario, lo que a padres y madres les puede resultar complicado porque sienten que van perdiendo poder. Los chicos y chicas demandan mayor independencia, pero esto no debe traducirse en una falta de amor.  Cuando encuentren dificultades acudirán a sus referentes siempre que exista una buena relación, os siguen necesitando. Debemos tratar de entender sus problemas desde su perspectiva, sin restarles importancia, ya que para ellos/as son relevantes, escucharlos con atención. Podemos observar una continuidad respecto a las relaciones de la infancia. Aunque se produzca un distanciamiento afectivo, si existe una base sólida se mantendrá.

 

El tipo de educación que padres y madres ofrecen a sus hijos/as es algo que preocupa a la sociedad en general. A la pregunta de cuál es el estilo educativo más adecuado, decir que el democrático es el que tiene más beneficios. Esto no significa que ellos tengan la última palabra, pero sí de que podamos escucharlos y de permitirles formar parte en la toma de decisiones, no se trata de imponer sino de argumentar. Esto hace que aumente su autoestima, que adquieran una buena moral y que mejore su rendimiento académico.

 

Los progenitores cuando sus hijos e hijas entran en esta etapa se encuentran en la mitad de su ciclo vital, donde se replantean ciertas cosas y echan una visual a lo que ha sido su vida. Todo ello hace que la homeostasis familiar se tambalee y se debe de producir la morfogénesis, tenemos que reequilibrarnos.

 

Se puede producir un deterioro en la comunicación, aumentan las discusiones, existen menos muestras de afecto… no debemos ser fatalistas y hay que tratar de valorar los conflictos con objetividad. El clima familiar no tiene porque verse dañado, simplemente varía la manera de comunicarnos. Este aumento de discusiones en parte se debe a los cambios físicos y hormonales que hacen que los menores se encuentren más irritables y con mayor inestabilidad emocional. Hay que evitar las continuas críticas y sermones, ya que se encuentran vulnerables y su autoestima puede verse mermada, debemos de fomentar sus competencias.

 

Los menores tienen un mejor ajuste emocional cuando se encuentran unidos a sus familias. Cuando los padres se ganan el respeto de sus hijos e hijas estos asimilan de mejor forma sus indicaciones. Es lo que se denomina legitimidad parental. Siguen necesitando afecto, lo que varía es la forma de expresarlo, ya no requieren de esa cercanía, sin embargo ese distanciamiento que reclaman forma parte de su proceso de individuación. Aún así tratemos de compartir tiempo y realizar actividades conjuntas que les resulten atractivas.

 

También requieren normas y límites claros, razonados y justificados, eso forma parte de la protección. Hay que ir ajustando poco a poco el control a sus necesidades, que irá disminuyendo conforme vayan creciendo. La consistencia de las normas es fundamental, también resulta importante que haya acuerdo entre ambos progenitores y que su comportamiento sea coherente con lo que reclaman. Si somos personas muy reactivas, debemos tratar de no perder el control, somos nosotros los que debemos de propiciar un clima familiar relajado. Aunque siguen precisando supervisión van reclamando su espacio y debemos ir otorgándoselo. Deben sentir que confiamos en ellos/as y para conseguirlo debemos escucharlos sin prejuzgar. Está comprobado que la mejor herramienta de control es la revelación, cuanto más puedan apoyarse en nosotros más cosas compartirán, en un clima de confianza conoceremos con más facilidad que es lo que hacen. Si nos desvelan algo que no nos agrada no debemos perder la calma y valorar la confianza depositada en nosotros, más adelante trataremos el asunto ya que tampoco debemos mostrarnos indiferentes. Se trata de un control conductual con afecto, una monitorización. Evitemos los comportamientos intrusivos y respetemos su parcela de intimidad.

 

Es bueno que tomen las riendas de sus vidas. Se produce una maduración física, adquieren nuevas capacidades cognitivas, pasan más tiempo con sus iguales y están construyendo su identidad. Si queremos que los jóvenes maduren hay que respetar ese distanciamiento. Seamos partícipes en la promoción de su autonomía, que va a proporcionar comportamientos más independientes, vínculos afectivos más simétricos y mayor competencia y eficacia personal. Las temidas discusiones son una manera de relacionarnos, dándoles la oportunidad de demostrar su capacidad para pensar, opinar y decidir, tratemos de entendernos respetando nuestras diferencias, negociemos con ellos/as, respetemos sus puntos de vistas y busquemos soluciones donde todos/as ganemos. Tienen derecho a equivocarse, asesorémosles y orientémosles pero también respetemos sus decisiones, tienen que aprender a tolerar sus propias frustraciones. El desarrollo cognitivo también hace que transformen la imagen idealizada de sus progenitores en una mucho más realista y ajustada.

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