Ah!! Así se hace la mujer. Conclusiones (5 de 5)

Todo comenzó hace 4 post preguntándonos ¿Cómo se yo que soy una mujer? La idea era a través de las reflexiones y estudios de 3 autoras poder entender un poco qué implica ese “ser mujer”.

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Autor foto: Goretti Irisarri Vázquez. Arte urbano en Berlín

Las tres referentes elegidas reflexionan sobre cómo el “ser mujer” se ha ido construyendo a lo largo de los siglos. Esta afirmación que ahora parece tan simple y que  puede sonar ya ha demasiado “manida” fue y sigue siendo muy liberadora para las mujeres. Esto es debido a que, como ya apuntamos en anteriores entradas, el que sea una construcción implica que aquellas cosas que se vivan como limitantes se pueden cambiar.

Ante esta afirmación constructivista siempre aparecen en mi mente las voces que, en varias conversaciones sobre el tema, me cuestionan sobre la “evidente biología” cada vez que hablamos de construcción. Si, si, la biología está ahí, no pretendemos negarla ni hacer como que no existe. De hecho, en posteriores post iremos viendo la importancia de los cuerpos vividos, y de cómo se encarnan esas construcciones en los cuerpos físicos (siguenos y los irás descubriendo). La biología es una realidad, si.

Aunque, como bien han analizado las autoras sobre las que escribimos, se ha construido una idea de lo que implica “ser mujer”. Se ha hecho una oposición en relación a lo que significa “ser hombre”. Estas estructuras ideales se han creado en oposición y poniendo como referente “al hombre” y lo masculino, que se conecta con éste. De ahí que, por ejemplo,  si quieres demostrar que eres un hombre, has de mostrar que no eres débil (pues masculino no es débil, sí lo es lo femenino).

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Estas queridísimas construcciones se han naturalizado, lo que quiere decir que se piensan como conectadas directamente con la naturaleza-biología, partiendo de la idea de esta como algo estable, que viene pre-determinado, como una esencia, que define nuestro ser y nos sitúa en determinados lugares.

¿Cómo se construyen estas ideas?

Se afirma, por ejemplo, que las mujeres son débiles. Y decimos que esta idea de debilidad es una construcción social que se conecta con las mujeres. El argumento más común es afirmar que es una evidencia biológica que las mujeres tienen menos masa muscular que los hombres, que pueden coger menos peso, por ejemplo.

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Irys kyle culturismo femenino. Foto de: Fisioculturismo.es

 

Este argumento es simple y no permite explicarnos esa discriminación y diferencias de valor, ya que: ¿por qué se dice que esa menor masa muscular es debilidad? ¿Se potencia igual el desarrollo muscular de mujeres que de hombres desde la infancia? ¿Qué valor social se le da a la debilidad y cual a la fuerza? ¿Cómo se valora la debilidad en los hombres y la fuerza en las mujeres? ¿Se usa esa menor masa muscular para limitar, por ejemplo, el ocupar ciertos puestos de trabajo? Hoy día, momento en el cual, la maquinaria está eliminando la necesidad de el uso de la fuerza física en muchos espacios.

La clave de esto sería, qué valores se da a cada cosa y con qué se conecta, y las consecuencias que tiene esto en las vidas de las mujeres.

Parece que, a partir de todo esto ya tenemos más visible un poco ese ¿cómo sabemos que somos mujeres? Lo sabemos porque desde que nacemos nos nombran como tales, y todo lo que está construido a nuestro alrededor sobre el ser mujer permanece en las vidas y cuerpos de las mujeres, a la vez que, como sujetos activos que son, se crean y se cuestionan y se deconstruyen.

Esto constituye toda una fuente de conflictos personales y sociales. De ahí que, en muchas mujeres todavía haya un “pequeño malestar interno si no limpian el baño”. El crear nuevas estructuras mentales, sociales, culturales e institucionales, entre otras, no es una cuestión fácil.

Todas las personas somos partícipes de estas construcciones colectivas, y a la vez de nuestras construcciones individuales. Formamos parte del entramado creado, por lo que mirar con otros ojos para poder construir nuevas cosas eliminando aquellas que producen inquietudes y miedos, que hacen que levantemos barreras que, muchas veces, se presentan como infranqueables

Estas barreras han sido visibles y son visibles, gracias a la valentía de personas, la mayoría de ellas mujeres, encuadradas o no dentro del feminismo. Con las tres autoras revisadas, hemos visto que, gracias a sus análisis, se han podido dar respuesta a algunas preguntas que estaban flotando en ese espacio consciente-inconsciente compartido.

Y más que respuestas, se han podido crear nuevas preguntas y lanzarlas a otras partes para cuestionar, y poner en evidencia que no se es mujer de cierta manera por casualidad, y que los conflictos con los que nos encontramos las mujeres no son una “tontería de las mujeres”, sino que esos conflictos vienen por haber creado un mundo desde lo masculino, cuya estructura (que reproduce muchas formas discriminatorias y poco favorables para las mujeres) se mantiene de manera estable.

 

"Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad. El miedo a la soledad es un gran impedimento en la construcción de la autonomía". (Marcela Lagarde)

 

 

 

Ana Valero Rey

Consultora y formadora en temáticas de género e igualdad

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