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Expresiones de presión: Debería..., tengo que..

En muchas ocasiones no somos conscientes de las reglas que nos imponemos. Sin darnos cuenta nos presionamos hasta el punto de generar un estrés auto-inducido que nos llena de ansiedad y nos bloquea en la toma de decisiones provechosas. Sabemos que la calidad de nuestros pensamientos influye directamente en nuestra actitud ante la vida y en nuestros hábitos de conducta cotidianos.

Resulta sorprendente como un pequeño cambio, en apariencia insignificante, puede ser el detonante a la hora de transformar nuestra calidad de vida. En este epígrafe vas a descubrir como el uso del lenguaje puede influir en el sentido o propósito que desees darle a tu vida.

Expresiones como “debería” y “no debería”, “podría” y “no podría”, y “tengo que” y “no tengo que” son ejemplos de palabras de presión que solemos usar a diario en innumerables ocasiones.

Cuando un cliente me dice “debería hacerlo” yo suelo preguntarle: ¿Qué te hace pensar que es un “deber”? ¿Qué clase de sargento de hierro llevas dentro de ti que te impone semejantes órdenes que “debes” cumplir?

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Y cuando alguien me dice “tengo que hacerlo” sutilmente le pregunto: ¿Cuándo dices “tengo que” qué es lo que realmente deseas decir? En muchas ocasiones la repuesta viene a ser: “Quiero decir que sé que lo tengo que hacer y que no lo voy a hacer”  En todo caso técnicamente el Coaching nos enseña que lo correcto sería hacer preguntas del tipo:

  • ¿Qué pasaría si no lo hicieses?
  • ¿Quién dice que eso ha de ser así?
  • Imagina que sí puedes ¿Cómo sería hacerlo?

En muchas ocasiones las presiones vienen de un mundo ajeno a nosotros y tienen su origen en preceptos morales de la sociedad y sus costumbres. En otras, sin embargo, usamos estas palabras de presión incluso para obligarnos a hacer cosas sin la más mínima importancia. También podemos detectar que estamos cerca de descubrir alguna creencia limitante.

Un ejercicio muy interesante es que hagas un listado lo más extenso posible con todos los “deberías” y “tengo que” que utilizas en tu día a día. A continuación escribe las razones que te obligan, sus “por qué”.

Observarás que las palabras de presión son muy dañinas para la calidad de tus pensamientos. Cada vez que las utilizas es como si te reprocharas alguna equivocación anterior que no merece tu perdón. Incluso es muy posible que utilices estas expresiones para reprocharte aquello que llevas pensando hacer desde hace mucho tiempo y que todavía no has empezado. Salvo que se trate de algo especialmente necesario para tu futuro sería conveniente que elimines de tu lista de “deberías” o “tengo que” aquello que no hayas hecho desde hace por lo menos 6 meses. Piensa y medita sobre la intención positiva de no haberlo hecho y analiza con tranquilidad cual puede ser la causa que se encuentra detrás de tus palabras de presión.

Conviene ejercitarse en el uso de alternativas que eliminen las palabras de presión. La expresión “podría” nos ofrece una mejor opción puesto que nos sitúa en disposición de poder hacer algo al mismo tiempo que se fortalece tanto nuestro nivel de capacidad como los de creencias e identidad. Cuando se trate de un “no debería” puedes sustituirlo por “no deseo”

Imagina ciertas expresiones que a menudo usamos en nuestra vida cotidiana y observa como con pequeñas  modificaciones podemos conseguir que resuenen de una manera más positiva y amable en nuestro interior.

Debería llamar a mis padres        Puedo elegir llamar a mis padres

Tengo que bajar de peso            Me resultaría beneficioso bajar de peso

No debería aceptar esa norma     Deseo no seguir esas normas

Debo ser perfecto                      Elijo vivir en un proceso de mejora continuo

Tengo que hacerlo                     Voy a hacerlo

 

También cabe la posibilidad de que una persona se presione no dándose permiso para hacer algo. Es como si pusiera a un perro de presa vigilando cada uno de sus movimientos. En este caso conviene hacer preguntas que favorezca el reencuadre de la otra persona

“No puedo permitirme relajarme ahora”

  • ¿Qué pasaría si te relajaras?
  • ¿Qué te lo impide?
  • ¿Quién te lo impide?

También es interesante ayudar a la otra persona a que explore y distinga entre su capacidad y sus posibilidades:

  • ¿No puedes o no sabes?

Incluso podemos desafiar con intención positiva su capacidad de estratega y de aprendiz:

  • ¿Cómo podrías hacer para realizar esa tarea estando más relajado?
  • ¿Qué beneficios puede proporcionar relajarte?

     

Otra manera de presionarse o autoimitarse es utilizar expresiones del tipo:

  • Es muy difícil
  • Me cuesta mucho
  • No es tan sencillo
  • Etc.
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En este caso es conveniente hacer ver a la otra persona los beneficios del resultado de realizar esa tarea y, por supuesto, fortalecer su nivel lógico de identidad con preguntas o comentarios del tipo:

  • ¿Cómo sería lograrlo?
  • ¿Cómo eres tú cuando alcanzas un logro?
  • ¿Te da más satisfacción superar un reto difícil o algo que cualquiera puede hacer?
  • Imagina que dijeras: Gracias a que es difícil lo voy a hacer como ya lo he hecho en otras ocasiones.
  • Cuando aceptas y superas un reto, mirándote al espejo ¿Qué ves? ¿Qué sientes? ¿Qué te dices?
  • Si dices que te “cuesta” ¿por qué te imaginas caminando “cuesta” arriba? ¿O por qué piensas en un “coste”? ¿Qué pensamiento puedes tener que te motiven con auténtica decisión?

Como puedes apreciar la intención de todas estas preguntas y comentarios es invitar a la otra persona a reencuadrar su pensamiento para transformar la presión en propósito.

El reencuadre es una maravillosa técnica que veremos más adelante. Te anticipo que consiste en significa cambiar el punto de vista o la vivencia emocional de una determinada situación o experiencia apreciándola bajo una nueva perspectiva o encuadre igual o mejor que el anterior.

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Conoce al Autor/a:
  • Víctor Ramos Ibarra   Contactar con el Autor
    Master Coach certificado por la Asociación Internacional de Coaching y Mentoring

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