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Tercera jornada: Pregúntate.

Dudar de todo o creerlo todo, son dos soluciones igualmente cómodas, tanto la una como la otra nos eximen de reflexionar. Heinre Poincaré

Bosque Nam Tha

 

Atraviesas ahora una zona donde los vientos húmedos de la información han hecho crecer un magnífico arbolado. Pero en el Bosque del Conocimiento es fácil perderse. La razón crítica te ayudará a discernir las veredas útiles.

Ser crítico no supone una postura de cerrazón, ni que nos fijemos tan sólo en los puntos negativos de cada aspecto.

Significa en primer lugar, una actitud de apertura y de mejora. Por otra parte, implica un estado de alerta que nos permita identificar aquellos aspectos de la realidad que pueden ser cuestionados o interpretados desde otras perspectivas. Frecuentemente caminamos por senderos marcados sin cuestionarnos si son los más adecuados (Kilómetro 9: «Las “presoasunciones”»).

Pregúntate

Múltiples oportunidades se nos brindan a la hora de desarrollar los “músculos” de nuestro juicio: sucesos, opiniones, conclusiones científicas, creencias propias o ajenas. Un razonamiento puede convertirse en un derrotero erróneo por diferentes motivos: por fallos estrictamente lógicos o intelectivos en diferentes momentos, desde que comenzamos nuestra incursión en los vericuetos de la lógica (Kilómetro 10: «Trampas lógicas»), hasta alcanzar las conclusiones finales (Kilómetro 11:«Cumbres borrascosas»).

Otra dificultad aguarda al final de esta travesía: el “Laberinto de los Espejos”: la intelectualidad pura no existe. Nuestras percepciones, están influenciadas por una pléyade de aspectos psicológicos, emocionales y sociales (Kilómetro 12: «Juicio a los prejuicios»).

 

 

Kilómetro 9: Las «Presoasunciones»

Estudia las suposiciones que hay detrás de tus acciones. Luego estudia las suposiciones que hay detrás de tus suposiciones. Idries Shas 

 

Una de las mayores dificultades que tenemos a la hora de enfrentar los problemas, de buscar fórmulas de mejora y de producir ideas creativas y transformadoras, radica en el hecho de que damos por ciertos una serie de premisas comúnmente aceptadas. Estas suposiciones configuran los márgenes de nuestra acción. Límites que pueden estar alimentados por convicciones sociales mayoritariamente aceptadas. O bien, son fruto del peso de la inercia y de la costumbre, los cuales nos han impedido darnos cuenta de que aquello que en su momento pudo tener sentido o utilidad, tal vez ya no sea así. O tal vez, estaba asentado en una creencia errónea.

 

Si hay un ejercicio paradigmático y famoso en el tópico de la creatividad, es el siguiente:

Puntos

Trata de unir con cuatro líneas rectas y sin despegar el lápiz del papel, los nueve puntos que aparecen a continuación.

 

Presunciones básicas.

A veces damos por ciertos hechos o datos que en realidad son erróneos o inexactos. En este caso, todos los demás pasos en el proceso de razonamiento, por muy sólidos y justificados que sean, probablemente conducirán a conclusiones erróneas.

Lee atentamente el siguiente caso:

Has ganado 7.000 euros a la lotería y un consejero de inversión te ofrece una magnífica oportunidad: una persona está dispuesta a vender una moneda muy antigua por menos de su valor real, debido a urgencias económicas.

Estudiando la moneda, se puede comprobar que es realmente muy antigua, ya que la fecha grabada es «L a.C.» (año 50 antes de Cristo); por tanto, en función de esta antigüedad, haciendo un estudio comparativo de los precios en el mercado numismático, has llegado a la conclusión de que vale casi 10.500 €, mientras que el precio que pide el vendedor es de 5.000 €.

¿Harías una buena compra?............. ¿Porqué?......................................

(Soluciones en la lección 14.)

 

 

Observa las siguientes figuras:

 

Jarrón

¿Qué has percibido primero en esta figura, el jarrón o las caras?

Fin

 

¿Qué te sugieren estas formas?

En cuanto pases de centrarte en las figuras a concentrar tu atención en los espacios que las separan, no tendrás dificultad en leer la palabra FIN. Una vez que lo hayas conseguido, esta forma pasará a ser dominante cada vez que mires de nuevo.

A la hora de analizar problemas, conviene centrar nuestra percepción tanto en el jarrón como en las caras, solo así podremos localizar el lado complementario y lograr una visión completa de la realidad.

Invertir nuestra mirada constituye un sano ejercicio: ¿qué sucedería si fuera verdad exactamente lo contrario?, ¿podría ocurrir que un determinado defecto sea una virtud?, ¿bajo que circunstancias?, ¿puede una dificultad o una amenaza convertirse en una ventaja?, ¿en que condiciones?

Esta forma de pensar puede dar origen a soluciones revolucionarias. Así, Henry Ford dio la vuelta a la tortilla con su cadena de montaje. Rompió la presunción de que era necesario que los trabajadores se desplazaran a por las piezas. Se preguntó: ¿Y si conseguimos hacer llegar las piezas a los trabajadores? La invención de la cadena de montaje supuso un cambio cualitativo y un salto adelante.

En el Japón industrial, la carestía del terreno disparaba los costes de almacenamiento. Entonces alguien pensó: ¿Y si somos capaces de reducir a cero nuestros stocks? Así nació el sistema de producción «just in time» que no sólo abarató costes de almacenamiento sino que además, hizo más eficientes los procesos productivos al tener que dar una respuesta ágil y rápida a la demanda.

Realizando estas inversiones podremos obtener una consideración diferente del problema en relación al entorno en el que se inscribe. Por ejemplo, cuando somos capaces de descubrir oportunidades donde antes aparecían amenazas. En la Ficha de trabajo 10, te invitamos a revisar algunas suposiciones con las que has convivido o convives en el día a día. Identifícalas y dales la vuelta como a un calcetín. Es una técnica sencilla, descrita por Michael Michalko y a la cual denominó False Faces (caras falsas).

 

Ficha de trabajo 9.- Vuelta a la tortilla.

Ficha 9

 

 

Kilómetro 10: Trampas lógicas.

La duda es uno de los nombres de la inteligencia. Jorge Luis Borges.

 

Por otra parte, el hecho de partir de unos datos correctos, tampoco nos asegura llegar a la meta deseada. A veces, nos perdemos en el camino por alguno de los siguientes vericuetos:

 

Inferencias inducidas.

En nuestro ámbito cotidiano podemos encontrar múltiples ejemplos de casos en los que, partiendo de hechos o datos correctos, la forma de presentarlos nos predispone a realizar inferencias, las cuales, desde un punto de vista lógico, no están justificadas: propagandas ideológicas, campañas publicitarias agresivas, etc. Ejemplos:

- “Nuestra marca no ha sido superada”. ¿Quiere decir que es la mejor, o quizás, que no se han encontrado diferencias entre ésta y las demás?

- “Los consumidores prefieren nuestro refresco en proporción dos a uno”. ¿Qué se les ha dado a los otros?

 

Suposiciones basadas en analogías.

 

 

 

La analogía es uno de los recursos creativos más poderosos. En el kilómetro 31, nos detendremos en sus múltiples beneficios y posibilidades. Una de sus grandes virtudes es la de ayudar a hacer conocido lo desconocido. Sin embargo, al mismo tiempo, esto puede llevar a una peligrosa relajación del juicio crítico. Tendemos así, a aceptar las similitudes entre dos conceptos de forma global, cuando frecuentemente esa similitud sólo tiene justificación entre algunos aspectos o atributos concretos de los términos comparados.

Ciertamente son muchos los razonamientos basados y “envasados” en forma de analogías. Si estudiamos de forma explícita algunos de ellos, podremos darnos cuenta de que están fundados en suposiciones muy cuestionables; mientras no se les analiza, es frecuente que los razonamientos parezcan tener sentido y así nos lleven a deducir conclusiones que probablemente sean ilegítimas.

 

Considerar sólo un aspecto de la realidad.

Normalmente, el que aparece más inmediato o aquel que nos interesa más. ¡Es una estrategia que los políticos conocen muy bien! Por ejemplo, al presentar los datos del paro, del IPC...

 

Confundir universales con particulares.

Es decir, el todo con las partes. Veamos un ejemplo:

Un antropólogo, después de realizar múltiples investigaciones, ha llegado a la siguiente conclusión: «el hombre no es el resultado de la evolución de los primates, sino que éstos son el resultado de una involución degenerativa de la especie humana». Otros colegas critican su conclusión, considerándola ridícula y carente de sentido. Él argumenta: «miren ustedes, muchas teorías que hoy son universalmente aceptadas, fueron ridiculizadas al principio: la teoría heliocéntrica de Copérnico, la teoría de los gérmenes de Pasteur, etc. Por tanto, la negativa aceptación inicial de mi teoría no hace sino confirmar su veracidad».

¿Es consistente su afirmación?

Dejando al margen el contenido de tan pintoresca teoría, la estrategia que ha empleado para su justificación está basada en presentar particulares con pretensión universal: que «muchas teorías que luego han sido consideradas verdaderas, fueran ridiculizadas al principio», no quiere decir siquiera que lo fueran todas. Pero aunque realmente lo hubiesen sido todas, tampoco sería un argumento sólido. El universo de las teorías que fueron inicialmente rechazadas se compondría a su vez de:

- Aquellas teorías que posteriormente fueron consideradas veraces.

- Aquellas otras que nunca fueron consideradas veraces.

No pocas son las ocasiones en que se confunde o se trata de confundir, presentando aspectos particulares (unos pocos, algunos, muchos...) con la totalidad.

Los diagramas de Venn resultan muy ilustradores:

C.1.

 

 

Razonamientos condicionales.

Muchos razonamientos que hacemos a diario, así como las hipótesis científicas, tienen la siguiente estructura: si..., entonces...

Pueden darse cuatro posibilidades:

- Si A, entonces B. Se da A, entonces B. El razonamiento es válido, desde un punto de vista lógico.

- Si A, entonces B. Se da B, entonces A. Este tipo de razonamiento es conocido como falacia de afirmación del consecuente. Por esta razón, desde un punto de vista lógico, es imposible demostrar que una teoría es correcta. Lo único que podemos concluir es: «estos resultados son coherentes con, o respaldan la teoría X».

- Si A, entonces B; no B, por consiguiente no A. El razonamiento también es válido, desde el punto de vista de la estructura lógica. Puede ser utilizado, por ejemplo, para refutar una teoría.

- Si A, entonces B; no A, por consiguiente no B. Estamos ante una falacia de negación del antecedente. Por ejemplo: «si llueve, la tierra se moja. No ha llovido, luego no se ha mojado» (ha podido ser regada).

 

Ficha de trabajo 10.- En busca de incoherencias lógicas.

Tabla 10

 

 

Kilómetro 11: El huevo o la gallina. 

La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda.     Françoise-Marie Arauet (Voltaire)

 

Finalmente, a la hora de establecer conclusiones, existen otros peligros:

 

Confundir síntomas con causas.

Al fijarnos excesivamente en los hechos, desatendemos sus relaciones. A la hora de enfrentar problemas y conflictos, es muy importante tenerlas en cuenta para así poder distinguir entre manifestaciones, causas y efectos. En ocasiones es conveniente actuar sobre los síntomas, especialmente cuando éstos entorpecen o generan un malestar significativo. Pero si desatendemos la causa última que los produce, lo más probable es que el malestar vuelva a aparecer tarde o temprano, a veces con otro rostro y tal vez, con consecuencias más devastadoras.

Imaginemos que una carretera comienza a inundarse al haber sido construida sobre una zona pantanosa o sobre el antiguo caudal de un río. Los responsables del mantenimiento de la infraestructura deciden reforzar dicha zona, drenando con tierra y hormigón, logrando así que el agua no vuelva a aparecer. Sin embargo, si la capa freática es grande, el agua tenderá a volver a emerger a la superficie. Puede que no encuentre salida por el lugar más fácil y habitual, al haber sido éste sólidamente sellado. Pero intentará aflorar por otro sitio. Quizás... ¡por un lugar habitado!

En efecto, en muchas ocasiones el síntoma es la manifestación de un conflicto o problema más grave y nos viene a avisar de que algo falla. Así, si estoy sometido a unas condiciones de estrés elevado y permanente, puedo terminar desarrollando una úlcera. Tendré que tratar ésta médicamente, pero si no manejo el estrés o controlo las situaciones que lo generan, lo más seguro es que sufra nuevas dolencias.

 

La relación de causalidad puede ir en sentido contrario al considerado.

 En un estudio sobre experiencia y actitudes hacia el uso de los ordenadores, se desprende que aquellos que tenían mayor experiencia en su manejo, eran también quiénes más simpatía sentían hacia los mismos. En función de estos datos, se extrajo la siguiente conclusión: «cuanto más contacto se tiene con los ordenadores más agrada su uso». ¿Respaldan los datos esta aseveración?

Se trata tan sólo de una correlación. La explicación podría ser la anterior, pero también podría ir en sentido contrario: los sujetos que tienen más inclinación por los mismos, son los que pasan más horas delante del ordenador, adquiriendo por tanto, mayor experiencia y destreza.

 

La correlación puede deberse al influjo de una tercera variable.

Los resultados de una investigación desprendieron que existía una incidencia mucho mayor de alcoholismo en aquellas personas cuyos padres ya tuvieron problemas con la bebida. En función de estos datos, se concluyó que el factor hereditario tenía un peso fundamental en este problema.

Sin embargo, en un estudio posterior se compararon tres grupos: Grupo A: “sujetos cuyos padres tenían o habían tenido problemas con el alcohol”. Grupo B: “sujetos cuyos padres eran completamente abstemios”. Grupo C: “sujetos cuyos padres hacían un uso moderado del alcohol”.

Los datos revelaron que los sujetos del grupo A eran los que presentaban mayor índice de problemas con el alcohol, seguidos de los del grupo B. Los menos problemáticos eran los del grupo C. En función de estos datos, ¿qué explicación alternativa podríamos elaborar?

En este caso, aparecen claros los efectos de otra variable: la conducta de consumo de los propios padres y el aprendizaje que realizan los hijos a cerca del control de la sustancia.

 

Visualizando relaciones.

Cuando los problemas son complejos y la información está fraccionada, los recursos gráficos nos pueden ayudar a visualizar de forma sencilla, las relaciones de causa-efecto entre distintas variables.  Por ejemplo, el diagrama de espina de pescado o diagrama de Ishikawa, es una herramienta que te ayudará a identificar alguna de estas situaciones en tu vida cotidiana. Su elaboración consta de los siguientes pasos:

1.- Clarificar las características del problema. Si trabajamos en equipo, nos aseguraremos de que todos los participantes lo hayan entendido bien. Se enuncia éste con las menores palabras posibles y se marca en un recuadro.

2.- Escribir el problema y dibujar la espina principal: es importantes ser específicos en la descripción.

3.- Clarificar los factores que influyen en el problema: la utilidad del diagrama depende de este paso. Se puede llevar a cabo este proceso en una doble dirección:

4.- Método de expansión de grandes espinas: distinguir las tres, cuatro o cinco categorías que ocasionan la aparición del problema. Dibujamos una gran espina por cada categoría. A continuación, trazamos medianas y pequeñas espinas en base a nuevas aportaciones. Es esencial preguntar reiteradamente “por qué” hasta que se llegue a la causa de la raíz.

5.- Método de expansión de pequeñas espinas: se parte de una lluvia de ideas. Después del análisis o debate, se agrupan las causas en pequeñas categorías. En grupo, la generación de ideas puede realizarse a través de un brainstorming o un brainsketching (Ver kilómetro 45).

Diagrama Ishikawa

Ejemplo de diagrama de Ishikawa o de espina de pescado, aplicado al ejemplo "Posibles fallos de enjuiciamiento".

 

Ficha de trabajo 11.- Detectando conclusiones erróneas.

Pasa revista a acontecimientos, noticias, estudios u opiniones actuales o del pasado, en los cuales consideres que puede "existir sospecha" a la hora de establecer conclusiones. Intenta afinar lo máximo posible determinando cuál es la posible fuente de error.

Tabla 11

 

Kilómetro 12: Juicio al prejuicio.

 

Temo escuchar porque temo comprender. Temo comprender porque temo cambiar. Carl Rogers

 

Observa a tu alrededor: ¿cuántas personas buscan las noticias en los mismos periódicos, emisoras de radio o canales de televisión? ¿Cuántos son realmente los que contrastan esta información o por lo menos alternan diferentes fuentes? Efectivamente, muchos son los que parecen buscar más que información, confirmación. Ahora bien: ¿cuántas veces mostramos las mismas actitudes? Quizás, en un número mayor de ocasiones de las que estamos dispuestos a admitir, consideramos o despreciamos la información en función de lo congruente que resulte con nuestra forma de pensar, con nuestras creencias o intereses.

A la hora de poner en funcionamiento nuestro pensamiento, no sólo intervienen factores racionales, sino que confluyen además, múltiples aspectos que de una forma u otra, condicionan la dirección y alcance de nuestro pensamiento.

Seguramente habrás contemplado en múltiples ocasiones el siguiente dibujo: 

joven

Ha servido para ilustrar como en nuestra percepción, intervienen una serie de factores psicológicos y sociales, características de personalidad y estados de ánimo (lo que nos hace ver antes a la joven o a la anciana).

Denominamos prejuicios a una serie de ideas, actitudes y valores de tipo psicológico y social, que tenemos instalados en nuestro “disco duro” y que la mayoría de las veces no hemos cuestionado a fondo. En ocasiones, han sido adquiridos por experiencia directa, en otras muchas, por imitación. Gran parte de esta información es útil, ya que nos posibilita organizar el complejo entramado de datos que tenemos que manejar, procesando y tomando decisiones de forma rápida y automática. Liberando así, la consciencia y permitiendo que ésta se ocupe de otras operaciones de mayor complejidad.

Sin embargo, otra parte de esta información no es adecuada (se ha producido una "sobregeneralización" de las experiencias o unas transferencias no justificadas a otras realidades) y pueden estar mantenidas y alimentadas por la inercia, presión social o incluso por determinadas conveniencias de las que no somos conscientes. Se convierten así, en condicionantes negativos que empobrecen y desvirtúan el proceso de pensamiento y nos lleven a juicios aventurados y erróneos. Veamos algunos de ellos:

- Defensividad: en situaciones en las que nos sentimos "atacados", sea cual sea la razón, es probable que interpretemos los mensajes y acciones de los demás como amenazantes u ofensivos. 

- Proyección: en ocasiones, tendemos a valorar y juzgar a los demás en función de nosotros mismos, así como a atribuir nuestros propios sentimientos y características a otra persona. 

- Estereotipos: consisten en atribuir características semejantes positivas o negativas a todas las personas de una determinada categoría. Las más frecuentes son las categorizaciones geográficas o étnicas (alemanes, suecos, madrileños, catalanes...), y las socio-laborales (taxistas, banqueros, abogados, médicos...).

 - Efecto halo: es la influencia que tiene una característica positiva o negativa de una persona u objeto, en su valoración posterior. Por ejemplo: ante alguien físicamente muy atractivo, tendemos a trasladar esa percepción positiva a otros aspectos de su persona, como pueden ser sus aptitudes, valores, etc.

 

 

Ficha de trabajo 12.- Identificando prejuicios.

Muchas veces es fácil darse cuenta de cómo los prejuicios afectan a otras personas, sobre todo cuando somos el objeto de sus enjuiciamientos. Más difícil es reconocer cómo nos afectan a nosotros mismos y de qué forma condicionan nuestro análisis y toma de decisiones. Haz un repaso de aquellos prejuicios que recuerdes últimamente. Anota tanto los propios como los ajenos y reflexiona en cómo han podido llegar y qué consecuencias han tenido.

Tabla12

 

 

Mapa mental tercera jornada: Pregúntate. 

Mapa mental 3

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