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Fases de la Enfermedad de Alzheimer

Como ya se ha visto, la enfermedad de Alzheimer es de tipo degenerativo, lo que significa que el deterioro que produce se manifiesta de manera progresiva. Aunque el desarrollo de la enfermedad va a depender mucho de las características individuales de cada persona, sí se puede distinguir una serie de fases que, aunque varían en duración y características, poseen ciertos rasgos comunes:

1. Fase inicial.

En esta primera fase, más leve, las manifestaciones iniciales de la EA son equívocas e imprecisas, por lo que no siempre la enfermedad es diagnosticada en sus inicios. El enfermo puede darse cuenta de su deterioro, pero en muchas ocasiones intenta ocultarlo a su medio más cercano, pudiendo incluso justificar los síntomas con excusas, lo que puede dificultar y retrasar el diagnóstico.

Para ello es importante prestar atención a las señales de alarma que señalábamos en el apartado anterior de diagnóstico. Algunos de los principales síntomas típicos de esta fase son los siguientes:

  • Se producen fallos en la memoria, especialmente la reciente, mientras que la memoria a largo plazo permanece intacta. La persona afectada olvida a menudo dónde pone las cosas, el contenido de algo que acaba de leer u oír, y tiene dificultades para recordar nombres de objetos y personas.
  • El enfermo empieza a perderse en lugares poco conocidos y pierde la capacidad para poder llegar a sitios nuevos. Puede presentar también cierta desorientación temporal.

La desorientación temporo-espacial es uno de los primeros síntomas de la EA.

 

  • La personalidad y el juicio también se ven alterados. La persona enferma puede mostrar signos de desconfianza, tristeza, irritabilidad o ansiedad. Si el enfermo es consciente de lo que está ocurriendo, puede perder interés en lo que le rodea y mostrar signos de depresión, lo cual acelera el avance de la enfermedad. A su vez, comienza a tener problemas para comportarse adecuadamente, para seguir instrucciones y sus modales se deterioran.
  • Por todo ello, el enfermo ya no es capaz de encargarse de actividades que antes realizaba habitualmente como las tareas domésticas, el trabajo (si aún permanece en el mundo laboral), llevar la contabilidad de la casa o mantener su propio aseo personal.

 

2. Fase intermedia.

Si a lo largo de la fase anterior no se produjo el diagnóstico, se producirá con seguridad en esta etapa, puesto que los síntomas de la enfermedad se agravan y se hacen más evidentes. Es por ello que la persona no puede pasar mucho tiempo sola sin la presencia de un cuidador. Algunos síntomas son:

  • Por una parte, la memoria de hechos recientes se pierde casi por completo y el enfermo no puede fijar nuevos recuerdos. La o las personas cuidadoras son quienes más sufren las consecuencias de este síntoma, puesto que deben dar instrucciones e información en repetidas ocasiones al enfermo. Sin embargo, la memoria a largo plazo aparece poco alterada, y la persona enferma es capaz de rememorar recuerdos remotos, aunque muestra dificultad para ordenar estos hechos en el tiempo.
  • La comunicación se ve seriamente dañada, puesto que se empobrece el vocabulario, se pierde velocidad al generar frases enteras, y la forma de hablar del enfermo se vuelve más incoherente. No solo la capacidad de expresión está dañada, sino también la comprensión, lo que dificulta enormemente la habilidad para seguir instrucciones. Esto, unido a la merma en la capacidad de concentración, dificulta el desempeño de tareas. El enfermo necesita más supervisión y ayuda para las actividades de la vida diaria, como las tareas domésticas, el aseo o el vestido.
  • Por su parte, se agrava el deterioro de la orientación espacial y temporal que ya se inició en la fase anterior. La persona enferma se pierde a menudo en lugares tanto conocidos como desconocidos, por lo que requiere supervisión y acompañamiento constante. Tampoco es capaz de situar hechos en el tiempo, ni de recordar el día o año en que se encuentra.
  • Por último, avanzan los cambios en la personalidad. La persona puede mostrarse más irritable y antisocial, evitando a los demás y desconfiando de cualquiera que no pertenezca a su medio más cercano. Le resulta más difícil mostrar su afecto y expresar lo que siente. También aparecen cambios repentinos y bruscos de humor. La capacidad de juicio también se altera considerablemente, produciendo conductas agresivas, sexualmente inapropiadas, alteración del sueño, alucinaciones o incontinencia, entre otros.

 

3. Fase final.

En esta última etapa de la enfermedad, la más grave, la persona presenta un profundo deterioro físico y una pérdida absoluta de sus capacidades mentales. El enfermo es totalmente dependiente de los cuidados externos, ya que al grave deterioro derivado de la EA se pueden sumar otras complicaciones originadas por la situación de inmovilidad, la incontinencia o problemas relacionados con la alimentación. Esta fase deriva inevitablemente en el cese de funcionamiento cerebral y el fallecimiento del enfermo. Sin embargo, no existe una duración determinada para ninguna de las fases por lo que, dependiendo del caso, una persona enferma puede pasar años en este estado, o solamente unos meses o semanas. La sintomatología es la siguiente:

  • En lo que respecta a la memoria, la reciente ha desaparecido por completo, y la memoria remota se ve seriamente afectada. El enfermo es incapaz de recordar a sus familiares y amigos más cercanos, e incluso su propio nombre e historia de vida.
  • La capacidad para comunicarse y comprender lo que se le dice prácticamente desaparece. Llegado un punto, la persona enferma es incapaz de hablar, y no es extraño que se limite a emitir sonidos o palabras sueltas, a menudo de manera repetitiva. Por ello, resulta muy importante la comunicación no verbal, como los gestos, las sonrisas o las caricias, para poder transmitir la presencia del cuidador al enfermo.

Las muestras de afecto al enfermo son muy importantes, especialmente en esta etapa de la enfermedad.

 

  • Además de la desorientación en el tiempo y el espacio que aparecieron en fases previas, en este momento se produce una desconexión del propio cuerpo, al que la persona no reconoce, ni siquiera al observarlo en el espejo.

Se puede afirmar que en esta última etapa de la enfermedad desaparece por completo la persona que el enfermo era antes de la EA. Los recuerdos y la personalidad están completamente anulados, y la persona ha perdido toda capacidad de funcionamiento, dependiendo de los demás incluso para moverse o comer. Resulta emocionalmente muy doloroso para los familiares esta última etapa puesto que su familiar, tal y como lo conocían, deja de existir incluso antes de fallecer.

La mente de la persona con Alzheimer es borrada por completo.

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