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Nutrición hospitalaria en el anciano

La nutrición en un anciano variará en función a la ubicación del sujeto y su situación funcional. El aporte energético será distinto dependiendo si hablamos de una persona que viva en su casa o se encuentre hospitalizada o en alguna institución, como las residencias por ejemplo. La valoración se complicará si se presentan patologías.

En el caso de los ancianos hospitalizados y desnutridos se presenta un riesgo cuatro veces mayor de presentar cuadros confusionales durante el ingreso y tener que volver a reingresar en los tres primeros meses posteriores a la salida del hospital.

Con la hospitalización puede llegar a darse una desnutrición calórico-proteica por la aparición de pluripatologias y la ingesta de fármacos. Durante las dos primeras semanas se produce una pérdida de masa magra, ya que ésta es utilizada como fuente de energía ante el ingreso.

La desnutrición en personas mayores puede llegar a darse por alteraciones de la inmunidad, ulceras, anemia, caídas, deterioro, alteración del metabolismo por los fármacos, descenso de la capacidad respiratoria, deficiencia dentaria o depresiones.

Debemos utilizar una dieta adecuada a cada patología mediante la vía digestiva siempre que esté indicado.

Nuestro principal objetivo como personal sanitario ante un anciano desnutrido será el de prevenir que la desnutrición llegue a aparecer, por ello, será recomendable conocer las causas que la provocan y tratar de prevenirlas.

Como es lógico, un paciente desnutrido necesitará unos cuidados especiales, los cuales pueden administrarse con comidas regulares y un menú previamente seleccionado. También ayudaremos a comer a aquellos que no son capaces de hacerlo solos o no tienen un familiar o persona que los atienda.

Si no está contraindicado se les puede ofrecer entre comidas alimentos suplementarios como fruta o yogurt, y líquidos. Iremos anotando si el sujeto va comiéndose toda la comida que se le sirve.

Si el sujeto presenta algún problema antes de comer como náuseas, vómitos, diarreas, etc… se lo comunicaremos inmediatamente al médico, y una vez que el sujeto haya terminado de comer se le ofrece todo lo necesario para la higiene (palangana con agua, jabón, cepillo de dientes, pasta, vaso, toalla) y la dentadura postiza.

 

Clasificación de las dietas según la patología

  • Dieta blanda: consistencia blanda, pobre en residuos, fácil digestión. Pacientes con trastornos gastrointestinales, infecciones agudas.
  • Dieta de adelgazamiento o hipocalórica: administrada a obesos, baja en calorías.
  • Dieta de arroz o de Duke: ingesta de arroz, fruta y zumos con suplemento de hierro y vitaminas. Pacientes con HTA (hipertensión arterial), enfermedad renal y obesidad (sin sal).
  • Dieta de eliminación: se van eliminado alimentos sucesivamente para identificar a qué es alérgico el paciente.
  • Dieta diabética: limitada en azúcar y carbohidratos.
  • Dieta exclusivamente líquida: solo líquidos, recomendada para época posterior a intervenciones quirúrgicas, problemas gastrointestinales y pacientes incapaces de masticar.
  • Dieta pobre en calcio: se limita el calcio. Personas con cálculos renales.
  • Dieta pobre en grasa: para pacientes con problemas vesiculares y síndromes de mala absorción. Se prohíbe la yema de huevo, carnes grasas, fritos, mantequilla…
  • Dieta pobre en sodio: pacientes con hipertensión, enfermedades cardiovasculares, trastornos hepáticos o renales, requieren una alta reducción de la sal en la dieta.
  • Dieta renal o dieta Giordano Giovannetti: baja en sodio y proteínas, se prescribe en patologías renales e hipercaliemia.
  • Dieta rica en potasio: vegetales, plátanos, cítricos… apropiada para trastornos que originan perdida de liquido extracelular, como diarreas, alcalosis renal, hipotensión, diabetes…
  • Dieta rica en proteínas: indicada en síndromes nefróticos y trastornos hepáticos. Se consume carne, pescado leche, legumbres, nueces…
  • Dieta rica en vitaminas: se administran dosis terapéuticas de todas las vitaminas necesarias para el metabolismo. Se trata la infección crónica, malnutrición o deficiencia vitamínica.
  • Dieta para diabéticos: leche semidesnatada, mantequilla, huevos, carne, pescados y frutas en cantidades moderadas. El azúcar contraindicado.
  • Dieta para controlar el nivel de colesterol: aumenta el consumo de alimentos de origen vegetal, pescado, legumbres o aceite de oliva.
  • Dieta para prevenir la arteriosclerosis: evitar bollería industrial, fritos, leche entera, cremas y flanes, quesos grasos, huevo, grasas animales, etc.
  • Dieta para prevención de cáncer: alimentos ricos en fibra, en vitamina A y C. Añadir verduras en la dieta regularmente y no excederse en alimentos curados o ahumados, ni en la sal.

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