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Atención al anciano

Peculiaridades de la institucionalización

La enfermedad constituye una amenaza que provoca una situación de indefensión tanto en el paciente como en su entorno. La despersonalización que acompaña al ingreso en hospital hace que el paciente se sienta desvalido ante una situación que no domina. Suelen aparecer síntomas desagradables como dolor, disnea… los pacientes se sienten frustrados, con la incertidumbre de no saber qué pasará, ya que se encuentran en un medio extraño y desconocido. Sensación de intimidad violada al ver a personas que entran y salen de su habitación sin dar explicaciones. Nada más llegar se les quitan sus ropas y pertenencias y reciben un pijama (o bata) igual a los de otros pacientes, se deben someter a unas normas y la mayoría de ocasiones los procedimientos diagnósticos y terapéuticos suelen ser agresivos y dolorosos. Tampoco ven muy respetada su intimidad durante las exploraciones, los momentos de lavado o en las curas.

 

Reacciones ante la enfermedad

En ancianos, la experiencia de la enfermedad y el traslado a un nuevo ambiente puede producir estados de ansiedad, ira, negación, tristeza, desesperanza, culpa,regresión o confusión, ya que la persona pierde el control de su vida.

La ansiedad es una respuesta emocional normal a la percepción de una amenaza. La persona siente inquietud, desesperanza e inseguridad, hasta llegar al pánico.

Aunque como todo, estos sentimientos se ven muy influenciados por la relación con los demás y la personalidad de cada sujeto.

El enfermo reacciona activando mecanismos de adaptación que pueden ser de muy diversa índole, por ejemplo:

1. Colaboración. El enfermo tiene interés por seguir viviendo, colabora y soporta todas las maniobras. Sobre todo individuos que han sido muy felices durante su vida.

2. Negación. El enfermo no agradece la información, ni las recomendaciones y resta importancia a los síntomas. Se da una gran falta de interés.

3. Ira y hostilidad. Cuando una persona se vuelve dependiente de otra tiende a desarrollar un mecanismo dominante y violento. Puede mostrarse discutidor, exigente, desafiante, despectivo o sarcástico con sus cuidadores.

4. Rebeldía. Puede indicar inseguridad.

5. Exigencia y demanda. La necesidad de adaptación y de sentirse válido se demuestra por un poderoso deseo de atraer la atención y el interés. El paciente exige, llama frecuentemente al personal y lo monopoliza con conversaciones extensas. Todo para cubrir la necesidad de sentirse aceptado.

6. Aislamiento e introversión. El paciente se retrae y evita la relación con los demás, pasa largos ratos durmiendo y no quiere compartir sus sentimientos. A veces cierto grado de aislamiento es necesario para la aceptación, pero se convierte en patológico cuando se prolonga en exceso.

7. Dependencia y regresión. La incapacidad para la autosuficiencia dificulta la toma de decisiones sobre el futuro y propicia la renuncia a la propia responsabilidad. Pueden aparecer conductas regresivas con comportamientos infantiles, incontinencia de esfínteres voluntario, negación para comer o tomar la medicación, etc...

 

Relaciones entre el profesional y la persona mayor

La relación que se establece entre profesional y paciente no ha de ser fruto de la casualidad. El sujeto presenta una serie de necesidades y nuestro deber es ofrecer nuestra capacidad profesional. En ocasiones se adoptan una serie de conductas inadecuadas:

  • Tratar al anciano como si fuera un niño irresponsable, asumiendo una conducta paternalista o compasiva, negándoles su individualidad y capacidad como interlocutor válido.
  • A los ancianos se les suele considerar tontos, gruñones, desvalidos, egoístas, decadentes… que hasta ellos mismos se aceptan como esto. A menudo decidimos sobre la vida de los sujetos y lo único que conseguimos es aumentar la dependencia de los mismos.
  • A veces se aceptan mecanismos de adaptación inadecuados o no se va disminuyendo la protección gradualmente.
  • Se suele violar la distancia afectiva, la cual permite mantener objetividad.
  • Existe cierta tendencia a interrumpir las manifestaciones de dolor o el silencio de los pacientes, cuando realmente esto les puede estar produciendo desahogo.
  • A veces el profesional por motivos personales, puede llegar a mostrarse con el paciente hostil o indiferente

Lo correcto: Las personas mayores deben recibir cuidados de calidad, sin discriminación por su edad. Siempre han de aportarse las medidas que garanticen su bienestar y confort. Es preciso que el profesional conozca y comprenda los mecanismos de los que el paciente dispone y domine sus sentimientos en lugar de tomar represalias contra él. Cuando el profesional se sienta desbordado debe compartirlo con sus compañeros de equipo para mantener su propio equilibrio.

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