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Visión de futuro. Oportunidades y perspectivas

Como se ha podido ver a lo largo de este manual, la preocupación por el medio ambiente es algo que las empresas han ido integrando en sus modelos de gestión ya sea voluntariamente (en la búsqueda de la excelencia), ya sea obligatoriamente (por la aparición de determinadas leyes), y es previsible que en los próximos años las medidas de protección sobre el medio se incrementen por los siguientes motivos:

1. Insuficiencia de recursos energéticos debido al agotamiento progresivo de los combustibles fósiles y la inestabilidad política en los países productores.

2. Escasez de recursos básicos como el agua, el suelo fértil, las masas forestales, ciertos minerales…

3. Creciente deterioro del medio natural que genera pérdida de nichos de negocio y puestos de trabajo.

4. Aumento de la competencia en todos los mercados por la aparición en escena de ciertos países emergentes.

5. Normativa internacional ambiental cada vez más restrictiva y exigente, incluso con influencia en la política de fronteras y aduanas.

Todo esto hace que hoy en día muchas corporaciones, especialmente las industriales, se encuentren ante un reto y al mismo tiempo una oportunidad para el medio/ corto plazo: encontrar la diferenciación con respecto a sus competidores en la eficiencia y la sostenibilidad de su actividad.

Además, muchas normas que hoy son de aplicación voluntaria, acaban convirtiéndose en obligatorias al ser asimiladas por determinados países en sus leyes y reglamentos, que son utilizados como herramientas para modernizar determinados sectores productivos de especial interés. Veamos algunos ejemplos:

1. Certificaciones Energéticas: Existen numerosos tipos de certificaciones energéticas, pero las que vamos a mencionar tienen como fin establecer los criterios básicos que debe seguir un sistema de gestión energética en una determinada organización. La ISO 50.001. Gestión Energética esta diseñada para mejorar el rendimiento energético de las empresas a través de una gestión sistemática de la energía, y abarca todos los tipos de energías, renovables, agotables y alternativas.

Se basa en la identificación, registro y priorización de medidas de mejora de eficiencia energética y es de aplicación en todo tipo de empresas y organizaciones, del sector público o privado. Un ejemplo similar lo constituye la norma europea EN 16.001. Sistemas de gestión energética. Requisitos con orientación para su uso, que tiene como objetivo hacer de guía para implantar Sistemas de Gestión Energética en las empresas, con el fin de optimizar energéticamente sus operaciones y procesos. Establece así, una serie de premisas encaminadas a definir una adecuada política energética, definir objetivos, contemplar los requisitos legales y manejar adecuadamente la información sobre los aspectos energéticos más significativos. Estas mejoras además van a una reducción de costos y de emisiones de gases de efecto invernadero entre otros.

2. Certificaciones agroalimentarias: Es una evidencia que las empresas del sector de la alimentación se enfrentan a un mercado cada vez más competitivo y que deben adaptarse a las exigencias de los consumidores para no quedarse obsoletas. Por este motivo, la mayoría de ellas se han visto obligadas a implantar en sus organizaciones, y certificar posteriormente, protocolos internacionales de seguridad alimentaria que además evalúan el impacto ambiental de su producción.

Uno de los más extendidos en su uso es el sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC), que se basa en la evaluación de los riesgos sanitarios vinculados a la producción de alimentos. Se fundamenta en la identificación de los riesgos biológicos, físicos y químicos que potencialmente afecta a los alimentos y la determinación de los puntos críticos de control (PCC) a lo largo del proceso de fabricación, desde la recepción de la materia prima hasta el producto terminado.

Se ha demostrado que los puntos fuertes de este sistema son: una mayor garantía de salubridad de los alimentos consumidos, una mejora en la eficiencia de uso de los recursos técnicos y económicos, y una continua verificación por parte de los responsables sanitarios. La Unión Europea, hizo preceptiva su implantación y mantenimiento en todas las empresas del sector alimentario, y posteriormente lo incorporó en sus Directivas que obligan a transponerlo al ordenamiento jurídico interno de cada Estado (en España se incorpora por medio del Real Decreto 640/2006).

3. Certificaciones Forestales: Son procedimientos de evaluación y control que finalmente permiten acreditar si la madera utilizada por una determinada industria procede de bosques gestionados de acuerdo con criterios de sostenibilidad establecidos por un organismo independiente. De esta manera se informa directamente al consumidor final sobre el origen del producto que adquiere. Cabe destacar la Certificación Forestal FSC (Consejo de la Administración Forestal) y la Certificación Forestal PEFC (Sistema Paneuropeo de Certificación Forestal).

Sin embargo, todas estas soluciones normalizadas están ciertamente limitadas, al analizar los impactos ambientales de manera individualizada y carecer de una visión de conjunto de la actividad empresarial que permita ofrecer a clientes e inversores una analítica completa la situación ambiental de la organización.

En este sentido, aparecen ahora otros mecanismos de autoevaluación que se están imponiendo entre las empresas más innovadoras, quizás el de mayor proyección sea la Huella Ecológica Corporativa.

La huella ecológica es “la superficie de tierra productiva o ecosistema acuático necesario para mantener el consumo de recursos y energía, así como para absorber los residuos producidos por una determinada población humana o economía, considerando la tecnología existente, independientemente de en qué parte del planeta está situada esa superficie” (Wackernagel y Rees, 1996).

Es decir, la huella ecológica (superficie por habitante) es la inversa de la capacidad de carga de un territorio (número de individuos que es capaz de soportar dicho territorio sin que ello produzca un desequilibrio en el mismo que lo lleve a la pérdida de su productividad a largo plazo, expresada en habitantes por superficie). En otras palabras, se trata de un indicador que nos dice cuanta superficie productiva necesita un individuo, de una determinada población, para desarrollarse.

Hasta ahora, el cálculo de la huella ecológica se ha utilizado para evaluar el impacto ambiental producido por las poblaciones de determinados lugares, pero ahora, se han introducido correcciones de cálculo para medir la incidencia sobre el medio de determinados proyectos y actividades empresariales (presentes y futuros), y al nuevo indicador se le conoce con el nombre de “huella ecológica corporativa”.

Como se ha podido observar, el avance es incesante, el medio ambiente ha irrumpido en la economía para quedarse y las organizaciones e iniciativas empresariales deberán integrarlo como un factor más del cual depende directamente no sólo su productividad, sino también su perdurabilidad.

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