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La gestión
de la calidad percibida.
En la gestión de la calidad percibida se siguen una serie
de pasos:
1. Estudiar los atributos que el consumidor valora en ese
tipo de producto. Nos debemos preguntar por los atributos
que el consumidor valora para decidirse por una marca u otra dentro
de una categoría de productos.
Por ejemplo, si nuestro televisor tarda en encenderse 4 segundos
y los ingenieros nos comunican que colocando un dispositivo electrónico
puede encenderse en 2 supone un extraordinario avance técnico.
Pero si el consumidor no valora, no considera importante ese aumento
de velocidad, podemos prescindir del mismo.
Por tanto, los atributos importantes son aquellos que el consumidor
utiliza para seleccionar una marca en vez de las marcas competidoras.
Por ejemplo, la investigación de mercado descubrió
que los compradores americanos valoran sobre todo la potencia
en las máquinas corta cesped.
2. Seleccionar ciertos atributos que podemos utilizar como
pistas de calidad. De todos los posibles atributos, un conjunto
de los mismos serán los que gestionemos por su importancia.
3. Incorporar pistas de calidad. Añadimos ciertas
características al producto, al envase, a su presentación
que el consumidor utilizará como pista de calidad. Por
ejemplo los fabricantes de máquinas cortacesped descubrieron
que los compradores valoran la potencia y se guían por
el ruido de la máquina. Por eso fabrican máquinas
con un sonido más potente para que sirva de pista de calidad.
Los ejecutivos de publicidad de Latinoamerica nos cuentan que
los clientes valoran en los productos de limpieza e incluso en
las pastas de dientes su poder antibacterias. Y los clientes utilizan
como referencia para valorar el poder antiséptico de un
producto el que pique o escueza un poco. Los fabricantes de estos
productos suelen incorporar esta sensación de picor en
sus productos como pista de calidad.
El director de marketing de una empresa de detergentes me contaba
como en cierta ocasión los clientes se quejaban porque
el limpiador ya no limpiaba como antes. Los consumidores pensaban
que el producto había disminuido su proporción de
componente activo. Pero lo cierto es que el contenido seguía
siendo igual de bueno que al principio. Los ejecutivos de esta
empresa no comprendían el problema, hasta que descubrieron
que los nuevos envases tenían una apertura más pequeña
de forma que el cliente al apretar la botella gastaba una menor
cantidad. Al verter una menor cantidad, limpiaba menos y hacia
menos espuma. El problema era de percepción y no de calidad
del producto.
Pensemos en las pastas de dientes , cuya crema tiene dos colores.
Por cierto, cuando uno lo piensa, la dificultad de envasar una
crema con dos colores y que no se mezclen. Pero lo hacen así
para que sirva de pista de calidad. Quieren poner de relieve que
tienen dos componentes y que por tanto son mejores que otras cremas
dentales que sólo tienen uno. En realidad desde el punto
de vista técnico lo más lógico sería
mezclar los dos componentes, componentes además que seguramente
están en todas las pastas de dientes, pero lo importante
es la percepción de los clientes.

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