Preparación:
a la mesa de negociación hay que ir con los deberes hechos.
Tan sólo un profundo domino del tema a abordar nos dará la confianza
necesaria para poder negociar con seguridad y poder ir
superando los distintos obstáculos que surjan en el camino hacia
el acuerdo.
Rigurosidad:
tratar todos los temas que puedan influir en el acuerdo,
analizarlos en profundidad, no dejar ninguna duda por resolver
(aunque nos parezcan poco importante), ser muy puntillosos
en la redacción del documento escrito y, en definitiva,
no dejar nada al azar. Sólo de esta manera se consigue que,
una vez firmado el acuerdo, éste se desarrolle con normalidad
y se eviten posibles malentendidos que podrían terminar en los
tribunales.
Respeto hacia
la otra parte: la otra parte no es nuestro enemigo,
viene a ser un colaborador en la búsqueda de una solución
que satisfaga los intereses de ambos. El respeto hacia la otra
parte permite además lograr una atmósfera de colaboración que
facilitará el poder alcanzar un acuerdo. Por supuesto, nunca
subestimar al oponente.
Empatía:
la empatía es la habilidad de conocer que siente la otra
persona, de ponernos en su lugar. Y tan sólo conociendo
sus intereses, sus ilusiones y sus temores seremos capaces de
comprenderlo y de encontrar una solución que sea válida para
todos.
Confianza:
es esencial para una buena negociación. Desde un primer momento
hay que tratar de generar una clima de confianza entre las
partes. Sólo así las personas se abrirán, facilitarán información
y se mostrarán receptivas a los planteamientos de la otra parte.
Flexibilidad:
la negociación hay que prepararla en profundidad pero siempre
cabe la posibilidad de que siga un rumbo inesperado. Tan sólo
aquellas personas que sean capaces de adaptarse rápidamente
a las nuevas circunstancias podrán articular soluciones
alternativas, fuera del guión.
Creatividad:
el poder articular una nueva propuesta olvidando los
planteamientos iniciales, en base a la nueva información recibida,
a los intereses expresados por la otra parte, al propio desarrollo
de la negociación, exige una elevada dosis de creatividad. La
creatividad es la mejor arma para superar puntos conflictivos.
Asertividad:
es saber decir "NO" en un momento determinado sin generar
tensión. La asertividad permite evitar malentendidos, dejando
muy claro desde el principio qué se puede aceptar y qué no,
a qué está uno dispuesto a renunciar y a qué no. Una comunicación
clara entre las partes, donde cada una conozca con claridad
el planteamiento de la otra, es un requisito imprescindible
para el buen fin de una negociación. La asertividad es básica
para una buena comunicación. No decir "NO" a tiempo, puede ser
el origen de problemas posteriores.
Paciencia:
toda negociación requiere su tiempo, no se deben precipitar
los acontecimientos. Dentro de lo posible hay que tratar de
adaptarse al ritmo negociador de la otra parte, evitando presionarle
más de la cuenta ya que se podría poner a la defensiva. En cualquier
momento pueden surgir obstáculos que parecen tirar por tierra
todo lo avanzado, da la impresión de que no se progresa, de
que va a ser imposible llegar a un acuerdo. Frente a estas dificultades
la paciencia es una gran virtud, el saber esperar, el
dejar que las cosas maduren. De buenas a primera, cuando
ya se daba todo por perdido, puede surgir el acuerdo.