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En la fase de preparación hay
que realizar un trabajo de investigación muy concienzudo.
Una buena
preparación determina en gran medida el éxito de la negociación,
permitiendo además que ésta se desarrolle con mayor fluidez.
Una buena preparación contribuye
a aumentar la confianza del negociador, lo que le hará sentirse
mas seguro de si mismo y, en definitiva, negociar mejor.
Un negociador preparado sabrá moverse,
adaptando su posición a las circunstancias, mientras que
un negociador poco preparado tenderá a permanecer inmóvil, sin
capacidad de respuesta.
En esta primera fase hay una serie de
puntos sobre los que hay que trabajar:
1. Conocer
con detalle la oferta que presentamos: sus características
técnicas, gama de productos, plazos de entrega, garantías, servicio
post-venta, condiciones de pago y financieras, etc.
2. Determinar
los objetivos que se quieren alcanzar, distinguiendo
entre un resultado optimo (el mejor posible), un resultado
aceptable y un resultado mínimo (por debajo del cual
no interesa cerrar un acuerdo).
Aparte de estos objetivos, es interesante
desarrollar posibles alternativas por si estos objetivos
se muestran inalcanzables.
Llevar alternativas
a la mesa de negociación puede marcar la diferencia entre
no cerrar ningún acuerdo o alcanzar uno interesante para ambas
partes.
3. Contactar
dentro de la empresa con las áreas involucradas para
que todas estén al tanto y se pueda definir una postura común.
Hay que conocer cuál es el proceso de autorización, hasta dónde
tiene uno delegación y cuándo tendrá que remitir la propuesta
a niveles superiores.
4. Informarse
sobre la otra parte: quién es, qué hace, cuáles son
sus fortalezas y debilidades, cuáles pueden ser sus objetivos
y su manera habitual de negociar, qué pueden querer de nosotros.
5. Informarse
sobre los competidores: cuáles son sus productos,
cómo comparan con los nuestros, puntos fuertes y débiles, rango
de precios, etc. En qué aspectos nuestra oferta es superior
y en cuáles no.
6. Otras
informaciones: operaciones similares realizadas en
el mercado (precios y condiciones pactadas) que podrían servir
de referencias, otros indicadores (valor en bolsa, multiplicadores
bursátiles, etc.), precios en mercados de segunda mano, tasaciones
de expertos, etc.
Para obtener información sobre
los tres puntos anteriores se puede acudir a diversas fuentes:
Revistas especializadas,
informes anuales de las compañías, páginas web, consultas a
expertos del sector, cámaras de comercio, etc.
Una vez que se dispone de la información
anterior hay que determinar los argumentos que se van a
utilizar para tratar de persuadir a la otra parte.
Hay que ser muy convincente
y para ello nada mejor que llevar la lección aprendida, evitando
tener que improvisar.
Hay que ser muy selectivo,
utilizando los argumentos de mayor peso y no ofrecer una lista
interminable de argumentos menores. Podría dificultar la claridad
de nuestra posición. La otra parte centraría sus ataques en
los argumentos de menor peso.
Conviene anticipar las posibles
objeciones que la otra parte pueda plantear y preparar las
respuestas oportunas.
En definitiva, cuando uno se sienta
a la mesa de negociación todo debe estar perfectamente estudiado,
nada puede quedar a la improvisación ya que se corre el riego
de sufrir un serio varapalo.
Y por último, una norma que siempre
conviene recordar:
Nunca
subestimar al oponente.

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