Cuando se entra en un restaurante,
el hombre entrará delante, para pedirle
al camarero una mesa y también porque resulta incomodo entrar
en estos locales y que todos los comensales se nos queden mirando
(hay que evitarle ese mal trago a la mujer).
Cuando se entra en un taxi, el caballero
pasa delante: no obligue a su señora
tener que arrastrarse por el asiento, cual reptil, hasta alcanzar
la ventanilla contraria.
Cuando se baja una escalera, el
hombre irá delante: por si la mujer
tropezara y cayera poder salvarla, acogiéndola en sus recios
brazos.
No se está obligado a ceder el paso en las
colas del autobús, del cine, del teatro,
de la carnicería. Prima
el principio de "Primero que llega, primero que pasa".
Eso si, se cederá el paso inexcusablemente a una persona
de edad, a una mujer embarazada o a un enfermo.