No se habla nunca con la boca llena (terminantemente
prohibido).
Hay que participar en la conversación,
sin tratar de monopolizarla.
Hay que conversar con los distintos
comensales que nos rodean: no se puede uno
limitar a hablar con uno de ellos ignorando al resto (por muy aburridos
que nos resulten).
Hay temas "tabú"
que se deben evitar. Entre otros:
No se debe prolongar una conversación
en la que hay comensales que, por desconocimiento,
no pueden participar.
La conversación debe ser variada,
dando oportunidad a todos los invitados a participar.
La mesa no es un lugar para discutir,
por lo que hay que evitar entablar disputas, siendo deber del anfitrión
cortarlas del modo más educado posible.
Tampoco es la mesa el lugar para hablar del
trabajo, dejando a muchos invitados totalmente fuera de juego.