Cuando se viaja en un coche ajeno nuestro comportamiento debe ser
tal que al conductor le resulte grata nuestra compañía.
Para ello será necesario seguir unas reglas básicas:
Terminantemente prohibido explicarle al
conductor cómo debe conducir (se supone que ya sabe).
Se aceptará su estilo particular
de conducción, aunque sea diferente al nuestro (más
rápido, más despacio, más brusco, más
suave, etc.). Sólo en casos extremos, en los que se llegue
a temer por la integridad física, se podrá hacer
una discreta observación (con la máxima amabilidad).
El pasajero debe acompañar al conductor,
dándole conversación si éste quiere hablar
o respetándole su silencio.
Se evitarán temas polémicos
que puedan terminar en discusión (se corre el riesgo
de perturbarle o de tener que abandonar el coche antes de destino).
Tampoco es el coche el lugar de contar
chistes y hacer que el conductor se "parta"
de risa.
Absolutamente prohibido dormirse
(y menos roncar), especialmente si es el pasajero del asiento
delantero.
El pasajero insistirá en contribuir
al pago de la gasolina, el peaje, etc, (que el conductor
debe rechazar). Por ello, debe el pasajero invitar al café,
a los bocadillos, etc.
Abstenerse de fumar si el conductor no lo
hace (el olor del tabaco permanece en el coche). En caso
de fuerza mayor se pedirá permiso y se fumará lo indispensable.
También se pedirá permiso para
bajar la ventanilla. No obstante, hay que tener presente
que aunque el conductor no ponga objeción, puede que le resulte
algo incómodo.
El pasajero debe moderar sus peticiones:
"ponemos música", "paramos aquí",
"nos desviamos por allá", etc. El pasajero debe
aceptar su papel de actor secundario y dejar el protagonismo al
conductor.