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El carisma se puede definir como una facilidad innata
de hacerse querer, es un poder de atracción, es puro magnetismo
personal.
El carisma tiene un fundamento esencialmente genético:
Unos (pocos) nacen con carisma y otros
(la mayoría) no.
No obstante, aunque resulta muy difícil adquirirlo, sí
se pueden aprender ciertas técnicas que permiten suplir parcialmente
su ausencia o a realzar aún más el carisma que uno ya posee.
Es muy difícil precisar por qué una persona tiene carisma
y otra no, pero la realidad es que el primero "enamora" y el segundo
produce "indiferencia".
El líder carismático genera admiración.
El carisma facilita enormemente el camino hacia el liderazgo,
si bien no es una condición indispensable:
Se puede ser un extraordinario
líder sin tener carisma y se puede tener muchísimo carisma y
no ser un líder.
La característica que define a un líder carismático es su
capacidad de seducir, tiene una personalidad enormemente
atractiva con la que consigue atraer a los demás miembros del
grupo.
El carisma permite unir el grupo alrededor
del líder.
El líder carismático suele ser también un gran comunicador,
tiene un poder natural de persuasión.
Ante el líder carismático el equipo suele perder cierta objetividad.
El líder carismático disfruta normalmente de un juicio benévolo
por parte de sus subordinados.
Se le "perdonan" los fallos y se mitifican
sus logros.
El problema que plantea el líder carismático es que la
organización puede hacerse excesivamente dependiente de él.
Es muy difícil encontrar a un sustituto
ya que eclipsará a cualquier aspirante a sucederle.
Un peligro que acecha especialmente al líder carismático es
la facilidad de caer en el endiosamiento.
El grupo le rinde tanta pleitesía
que no es extraño que pierda el sentido de la realidad.

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